Biblioteca fantasma / A fuerza de palabras

- Evelina Gil - Saturday, 21 Feb 2026 20:44 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Soy soñadora de puertas. Infinitos pasillos sembrados de ellas, sin número ni distintivo. Según expertos en interpretación de los sueños, las abiertas significan nuevas oportunidades, mientras que las cerradas, como las que me asaltan, son obstáculos o miedos que hay que afrontar. Para los griegos, las puertas representan la transición de la vida física a la espiritual. La Biblia está sembrada de ellas y, al menos a mí, me crean conexión con las que abría Alice Lidell para traspasar el umbral de las pavorosas maravillas. No me sorprende que exista algo llamado entamafobia, que es terror a las puertas, no se especifica si cerradas, abiertas o giratorias.

Todas estas ideas usaron mi cerebro como alfiletero cuando me topé con la más reciente novela de Ethel Krauze, El terror de las puertas (Alfaguara, México, 2025), narrada por una encantadora niña quien, a diferencia de un personaje de bildungsroman tradicional, rasga apenas el capullo que preserva su inocencia. Para esta niña innominada – “chaparra”, la llaman sus hermanos mayores– las diáfanas puertas de su casa no garantizan la intimidad, a menos que defiendan secretos determinantes para pasmar su candidez que va más allá de las simplezas emanadas de su crianza; la decoración, las palabras prohibidas y actos inocentes que generan una embrollada ira en el padre. En esta casa repleta de secretos, las puertas, o no se ven o no se sienten, o aparecen en el momento justo en que la chaparra experimenta la imperiosa necesidad de saber o entender lo que alcanza a oler en el ambiente.

Otra diferencia con la bildungsroman tradicional es que a la chaparra no le importa descifrar los secretos de sus padres, sus hermanos mayores y su maravillosa abuela: prefiere inventárselos o exponerlos con la comprensión propia de una niña algo precoz. Lo fascinante es que a través de lo que podría ser la narrativa plana de una chiquilla garabateando en su primer diario, al que, justamente, equipara con “una puerta”, brinda al lector los elementos necesarios para hilvanar los pequeños y grandes dramas a espaldas de la chaparra que bastante tiene con las calamidades propias de niña pequeña y de adolescente. Uno de los inconvenientes de adquirir una cuota de independencia es la forzada convivencia con esos seres enigmáticos a los que, a esa edad, se conoce más bien poco: los hombres, que lo mismo pueden hincarte un aguijón irreparable en la memoria, que subyugarte con sus labios y su ingenio. Y la chaparra alcanza a conocer ambas experiencias, particularmente la del enamoramiento por un chico con un defecto del lenguaje que arrebata su mano para convencerla, sin esfuerzo, de traspasar la más alta de las puertas: la que soterra el caos del mundo, ésa que a los jóvenes tanto les gusta patear con una certeza de inmortalidad. Y ya no sabremos si existe un retorno de aquel lado sombrío o, como lo describiría la propia chaparra, “una puerta se me quedó abierta, por donde se me cuelan los vientos de madrugada, uno que otro fantasma, y la sensación de tener que limpiar con jergas mojadas y renegridas suelos que no he pisado”.

Uno de los grandes aciertos de El terror de las puertas es que parece atemporal. No hay fechas. No hay calendarios, ni hojas que se arrancan. Si acaso un tic-tac que arrulla el paso de los días. Es casi hasta el final que sabemos exactamente dónde y cuándo estamos ubicados. La atemporalidad es aquella puerta que se abrirá abruptamente al final, empujada por un ventarrón de desgracia y nos paralizará de verdadero terror. Sobre el estilo de narrar, siempre he tenido claro que Krauze posee una de las prosas más pulcras y deleitables de la literatura mexicana. El erotismo célebre de anteriores novelas da paso al hedonismo; al paladeo de las palabras, tan propio de las niñas que llevan diarios; al táctil saboreo de la palabra que conforma, como es el caso. Un tapiz poético que, hilo por hilo, y con infinita ternura, adquiere su forma de nouvelle l

Versión PDF