Violencia: lo que no se puede decir
Comparecencia (in)voluntaria, Marisol García Walls,
U-Tópicas Ediciones,
México, 2025.
Comparecencia (in)voluntaria, segunda obra publicada de Marisol García Walls, es un libro/objeto en tanto que su existencia material resguarda un haz de posibilidades narrativas. Las transparencias, las borraduras, el color de las páginas y la portada son parte de lo que acompaña el ensayo, que busca mostrar cómo la memoria gravita ante un acontecimiento traumático producto de un hecho violento. A la vez, coloca a quien lo lee frente a una aporía en su sentido etimológico: la ausencia de camino o lo que no puede ser atravesado. Las aporías causan incomodidad porque retan las ansias de significación y la certeza de hallar una vía para ordenar experiencia y verdad en una adecuación entre palabras y cosas. La ensayista interviene lo irresoluble, problematiza su propia posición y abre un intersticio entre lo sobrecogedor de la violencia y una luminosa apropiación de la enunciación.
Sobre el acontecimiento traumático, Gabriela Insua menciona que una de sus particularidades es que no existe una implicación subjetiva entre lo ocurrido y la persona que atraviesa un evento de este tipo. Parece obvio: quien fue víctima de violencia no lo decidió. Pese a no haber conexión, lo sucedido deja la marca de un desgarro que, a diferencia de una huella, no consigue inscribirse en la memoria; en su lugar queda un hueco que no es interpretable. Lo que algunas corrientes sobre el testimonio señalan como lo que no puede decirse.
Esa oquedad no es inocua, punza debido a la escisión entre un yo y un hecho. Escribe Marisol: “No sé cómo mirar lo que no me devuelve la mirada”, refiriéndose a la declaración ministerial en la que se le imputó un decir y se subsumió su experiencia en la tipificación de un delito. El camino que se abre para quienes viven algo semejante es administrar la marca del acontecimiento: comparecer ante la ley y superar el desajuste personal en privado.
Insua precisa que patologizar lo traumático conlleva a dejar en soledad a quien fue víctima; de alguna manera todas las formas de revictimización contribuyen en esto que señala la psicoanalista. Dar estatuto de excepcional a un hecho relacionado con la violencia supone suturar el desgarro, impone una implicación donde no la hubo. Bajo la racionalidad burocrática, cualquier detalle refuerza discursos sobre la individualidad que mantienen en penumbra a la estructura que sostiene el amontonamiento de casos que ocurren todos los días.
¿Qué se hace entonces con lo que no puede decirse? Si no es posible suprimir los picos de la memoria, zurcir la hendidura de poco sirve; hacer un borde que la rodee tampoco, pero esto último sí permite ubicar la marca que dejó la irrupción aguzada de lo acontecido. No para fijar un sentido o establecer una identificación con un origen sino, más bien, para surcar un espacio otro para montar una escena enunciativa: posicionarse desde diferentes puntos, poner en movimiento la voz, abrirse a la polifonía: este es un libro abierto que se modifica conforme escribo y vivo.
Es así que el talante materialista de Marisol se percibe en la intervención sobre su experiencia; agrega dimensión a un plano donde en un inicio sólo operó la pretendida impartición de justicia, que clasificó un hecho en categorías procedimentales y desechó sus remanentes. Con ese resto desconcertante, que pareció cerrar todo porvenir, García Walls elabora y comparte un ensamble de metonimias en las que destaca un mapa y sus referentes enigmáticos, que se deslizan para rodear lo que no se puede atravesar, un otro camino frente a la aporía de lo que no puede decirse.
Comparecencia (in)voluntaria no es un testimonio de superación, sino una obra sobre la errancia de una voz y su potencia para encontrar grietas en lo imposible que, a pesar de concluir con esperanza un proceso, en tanto contra-archivo, deja también un aire de derrota. Dice Saidiya Hartman que esa ambivalencia hace que los cierres permanezcan abiertos; una rendija sin afán de instrumentalizar o ejemplarizar un relato que, como acciones revictimizantes, tampoco evitan que se cometan otros crímenes. En una ruta distinta, lo abierto como interpelación sobre si, como espectadores, podemos suponernos parte
de una comunidad ilesa frente al sistema de justicia ante el que compareció dos veces Marisol García Walls, el mismo que sigue condicionando nuestro presente l