Tomar la palabra / Ndostrés, hilito de San Andrés
- Agustín Ramos - Sunday, 08 Feb 2026 00:50
Larráinzar, ¡lo viejo sigue joven! Lo digo porque desde el ’68, y hasta mucho después de la matanza de Corpus en el ’71, mientras el profesorado y la burocracia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (FFyL) eran, predominante e hipócritamente, de derecha, la mayoría del estudiantado activo inocenteaba en la izquierda y discernía entre tres corrientes políticas: los troskos, los pescados y los salvajes.
El líder de estos últimos era Alán Arias, hombre blanco y rasurado con filishéiv. Raúl Jardón, secretario de la célula Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (PCM), lucía gorra bolchevique, lentes de aro y piocha estilo Trotski. Édgard Sánchez comandaba la célula trotskista León Sedov, del Grupo Comunista Internacionalista. Al cuarto elemento, Sebastián Guillén, apenas lo recuerdo por su apodo, Cachumbambé.
Los salvajes y/o sus compas de viaje tenían buenas puntadas. En una pinta escribieron: “El mundo será de los cronopios o no será.” Y un 2 de octubre, su carismático jefe, Alán Arias, aprovechó los ensayos de la OFUNAM en el auditorio Che Guevara, para convencer a Eduardo Mata de dirigir “La Internacional”. Y si bien el glamur de los salvajes, con su periódico mural Deconstrucción y su pose anarca de izquierda de la izquierda, se parecían más al gusto de la FFyL de aquellos años, eran los troskos quienes casi siempre ganaban las asambleas. Y a los pescados les tocaba la de perder.
Sin embargo, el lema del ’71, “Ni Paz ni Guerra”, contra Octavio Paz y el director de la FFyL, Ricardo Guerra, volvió a unir a las tres corrientes cuando, sin debate ni votación de la base estudiantil, frenaron el intento de rescatar-para-la-academia el salón del Comité de Lucha por parte de Ricardo Guerra, a fin de hacerlo sede del seminario sobre Hegel… En 1996, hace treinta años, esos tres dirigentes de la FFyL (más el cuarto elemento), volvieron a coincidir en San Andrés Larráinzar, región de Los Altos de Chiapas, durante la discusión y firma de los acuerdos entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Ah, pero dos años antes, en los diálogos de paz de San Cristóbal Las Casas de 1994, cuando el subcomandante Marcos fue saludando de mano a los representantes de izquierda que apoyaban al EZLN, Édgard Sánchez percibió una extraña familiaridad por parte del zapatista.
‒Qué tal, Édgard, ¿cómo estás?
‒¿Yo?, bien ‒contestó él, desconcertado por el cuatachismo del guerrillero de pipa y pasamontañas.
Édgard seguía siendo trotskista, pero su organización de procedencia ya había crecido a Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Raúl Jardón ‒como nadaba a contracorriente de la cúpula de Pablo Gómez, Joel Ortega y demás‒, primero se opuso a los liquidacionistas del PCM; después, en 1991, participó en el Frente Electoral Socialista propuesto por el PRT y, al final, se sumó a la estructura civil de apoyo al EZLN. El cuarto elemento era Sebastián Guillén, Cachumbambé… Pero, ¿qué había sido de Alán Arias?
‒Lo vimos Raúl Jardón y yo en un receso de los diálogos de San Andrés ‒responde Édgard Sánchez‒. Era uno de los asesores del gobierno y nosotros éramos dos asesores más de tantos que convocó el EZLN… Raúl, siempre sociable, se acercó a saludarlo. ¿Quihubo, Alán? Después de mil años de no vernos, volvíamos a encontrarnos. Empezábamos a
platicar de nada, cuando pasó por ese pasillo el subcomandante Marcos.
‒Mira ‒le dijo Raúl Jardón‒ ya estamos todos los de la Facultad de Filosofía: Édgard de los troskos, Alán de los salvajes, yo del PCM y, ahora, tú, Guillén.
Alán, funcionario de la Secretaría de Gobernación, se escabulló de inmediato.