El diálogo de los creadores / La música del lenguaje
El diálogo de loscreadores
Creación bajo el volcán III, Ricardo Venegas, Ediciones Eternos Malabares,México, 2024.
La entrevista es una forma literaria moderna que se inició hace más de dos mil años con Sócrates y su mayéutica (que significa dar a luz). El método pregunta-respuesta es una forma de conocimiento dialógico que atrapa al lector y lo lleva por senderos inéditos; la conjunción de inteligencias entre quien indaga, el que responde y el lector de los afanes de ambos provoca un encuentro sustancioso de ideas; motiva, crea
expectativas.
De una entrevista siempre se aprende. Dice Juan Villoro que Viaje al centro de la fábula ‒que contiene entrevistas hechas a Augusto Monterroso‒ es un “doctorado en literatura” por las respuestas del autor que dejan la mente girando y el corazón gozoso por su sobrado ingenio.
El entrevistador realiza su trabajo en pos de la luz, más que con curiosidad o afán omniabarcante. Quiere develar mediante la revelación; es un buscador de verdades. Su oficio también es crear. Cuanto más amplía su visión, más vuelo alcanza en las profundidades.
Entre los creadores entrevistados en Creación bajo el volcán III (Ediciones Eternos Malabares, 2024) figuran los escritores Ángeles Mastretta, Antonio Deltoro, Ernesto Cardenal, Floriano Martins, Guillermo Diego, Indran Amirthanayagam, Isaías Alanís, Luis Zapata, Rodolfo Hinostroza, Silvia Tomasa Rivera, Uberto Stabile, Verónica Volkow y Yorgos Rouvalis; entre los artistas plásticos y visuales: Alberto Castro Leñero, Antonio Berlanga, Bonifacio Brito, Claudio Albertani, Francesco Taboada, Margarita Bermúdez Garza, Óscar Menéndez, Patricia Abuxapqui, Patricia Chávez-Peón, Ranulfo González, Verónica Espinosa y Víctor Gochez.
En este, su más reciente libro, Ricardo Venegas escudriña más allá de lo que la obra de sus entrevistados deja ver, inquiere sobre su proceso creativo, sobre los términos que los mueven, el contexto, su inmersión en el tiempo que les tocó vivir.
Pintura y poesía son dos formas de nombrar el arte. El lenguaje es un trazo pictórico, además de idea. La lucidez de los escritores y de los artistas plásticos reunidos en Creación bajo el volcán III es un regocijo para el espíritu.
La música del lenguaje
El genio de los solos, Ivo Quallenberg, Ediciones Eternos Malabares/Fonca, México, 2024.
En una entrevista realizada hace algunos años le pregunté al escritor Ivo Quallenberg: “Hay un sentido que raya en la ironía en la mayoría de los relatos de tu libro Diario de los años muertos, ¿lo haces conscientemente?”, a lo que contestó: “A mi entender la ironía busca develar el cariz risible del desencanto sin perder la capacidad crítica. Somos seres trágicos y también ridículos. La ironía pone en cuestión los aspavientos políticos, los amores ridículos, los suspiros de un persignado. Estoy pensando en un hecho real que ocurrió en una iglesia, olvido hace cuántos siglos: un hombre reza de rodillas en el interior de una iglesia. Ruega por su salud. Bajo las losas yacen sepultados los cadáveres de algunos mártires. Ruega el hombre sin saber que a través de las losas mal selladas suben los humores de los cadáveres en descomposición. Ruega por su salud sin saber que pronto los vapores lo enfermarán. Atroz y cómico a la vez. Al parecer en la ironía hasta los cadáveres ponen su grano de arena.”
No estamos hechos de una sola pieza. Como lo han descrito autores como Kundera o Zizek, la ironía es necesaria; nuestra existencia nos hace santos y monstruos. En El genio de los solos (Ediciones Eternos Malabares/Fonca, 2024), la novela más reciente de Quallenberg, los personajes alternan entre la sacralidad de la música y los desarreglos de las notas cotidianas que traicionan sus aspiraciones idílicas. Están condenados a transitar de un mundo melódico, armonioso e impoluto, a una sórdida cotidianidad cuyas cacofonías desembocan en la pedestre y vulgar tos. Siempre la tos. La condición del hombre: la tos efímera que aspira a transformarse en una nota musical eterna.
Esta novela explora las relaciones conflictivas que un ser humano mantiene consigo mismo, con sus ensoñaciones y utopías, con su resistencia a ceder ante las convenciones sociales, con sus deseos de alcanzar la plenitud en el arte y en el amor, un radical e innegociable deseo de existir sin bemoles, en contrapunto con la incapacidad de sostener un amor sublime sin caídas en el tiempo. La ficción salva al soñador, la realidad lo hunde y, entre más se hunde, más vuela.
Ivo Quallenberg nació en Ciudad de México y radica en Cuernavaca desde hace varios años, es licenciado en Economía por la Universidad Autónoma Metropolitana y cursó la maestría en filosofía en la Universidad de Barcelona y la maestría de sociología en la New School for Social Research. Trabajó en diversas instituciones públicas, tales como el Centro de Educación para Adultos, el Fondo Nacional para Actividades Sociales y el Museo de Culturas Populares, además de haber participado en diversos proyectos de investigación social de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha escrito tres novelas y tres libros de cuentos. Entre sus libros se encuentran Diario de los años muertos (2013) y El destino dobló la esquina (2015) l