Biblioteca fantasma / Sangre de cazador
- Evelina Gil - Sunday, 08 Feb 2026 00:54
Julia Ruiz es una fotógrafa de nota roja de treinta y ocho años que se ha esforzado por dejar atrás una infancia desdichada y mediocre, haciendo justo la clase de cosas que sus conservadores padres condenarían con violencia física. En el fondo intuye ser adoptada, nada descabellado en vista de que su padre colaboró militarmente con la dictadura de Videla del que se sabe que despojó de sus hijos recién nacidos a los subversivos para entregarlos a los afines a su régimen.
En su extraordinaria novela Para hechizar a un cazador (Alfaguara, Buenos Aires, 2025), Luciano Lamberti plantea la posibilidad de que esa familia idealizada resulte peor que la adoptiva. Julia comienza a encontrarse en todas partes con una críptica anciana de cabellos rojizos que fuma tanto como ella misma, hasta que la encara y ésta se presenta como su abuela Griselda. Perturbada al saberse investigada hasta en lo más íntimo por esta señora, Julia experimenta el impulso de huir, pero Griselda, madre de su verdadero padre, la convence de visitarla e introducirse en lo que queda de su familia biológica: cenizas y recuerdos, básicamente. La narración fluye tan armónicamente, dentro de los horrores que chisporrotean desde las primeras líneas, que resulta imposible enojarse con Lamberti cuando realiza un salto abrupto en el destino de Julia a merced de Griselda para centrarse en reconstruir la historia de Luis Lara, padre biológico de la chica. Justo aquí nos deslumbra con sus dotes narrativas; su voluntad de rehuirle a lo lineal y a lo simple sin por ello aflojar la tensión de la escena que deja interrumpida. Lamberti logra, además, que lo que realmente importe de esta, su cuarta novela y ganadora de un premio importantísimo en su país, el Clarín 2023, sea el desarrollo tanto de los personajes como de sus circunstancias. Pero también, y esta es la parte más complicada, la “nube de testigos” que desde las más variadas perspectivas y formas de lenguaje concretan una peculiar saga familiar donde se encuentra de todo: desde un perso-
naje que bordea la real santidad, hasta otros que deben honrar al cazador que los habita y se alimentan de creativos sacrificios humanos.
El matrimonio, compuesto por un prestigiado médico de nombre Braulio Lara y su mujer Griselda, a quienes conoceremos en las más variadas facetas de una larga vida en común, llevan, de puertas hacia afuera, vidas comunes pero aburridas, siempre rodeados de amigos y, en el caso de Braulio, colegas que lo admiran, lo respetan con una cierta reserva (miedo) que no logran descifrar. El gran dolor de cabeza de la pareja es Luisito, como nombran a un hijo de casi dos metros de altura, agresiva virilidad y enorme atractivo físico. Pero Luisito pasa de ser un semental cabeza de chorlito a un devoto cristiano que, para colmo, comprende que el verdadero lugar de un émulo de Jesucristo está con los que buscan el bien común, y se pierde entre los llamados Montoneros, cosa que enfurece y angustia a sus padres. Braulio, en términos realistas, simpatiza con los “milicos” y desearía, por un lado, que le dieran una lección a Luis para que olvide esas tonterías. Pero de esas “lecciones” es imposible salir vivo. A partir de una serie de sucesos espantosos, la pareja de mediana edad se consagra a “cazar” siguiendo el mismo sistema de los espías del régimen, que marcaban con un burdo dibujito las casas de los peronistas, los “zurdos”.
A lo largo de 400 páginas no hay un solo momento donde decaiga el interés del lector que, por si no bastara, se topará con un final que los diversos testimonios no nos permiten avizorar. Luciano Lamberti (Córdoba, 1978) es mucho más que una revelación de la literatura de terror, con la que los argentinos, acaso por su propia alternancia de dictaduras, a cual más cruenta, experimentan una inevitable familiaridad: es un escritor que no teme experimentar a todos los niveles desde la estructura narrativa pasando por la artesanal descripción de atrocidades l