Anécdotas / El drama de la calle Academia
- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 08 Feb 2026 00:43
Que era sotto voce la traición al presidente Francisco I. Madero, lo era. Eso es lo que le quiero contar, doña Clofis, usted siempre tan curiosa y porque me lo preguntó. Me gustan las hemerotecas y a menudo hallo detalles históricos que, a la postre, quedan inadvertidos.
Ojeando periódicos de febrero de 1913, me encontré con esta sensacional noticia. Además de militares y del embajador estadunidense Henry Lane Wilson, estaban confabulados algunos empresarios. Es el caso de Íñigo Noriega.
De acuerdo con lo que he hallado, fíjese, los planes para tomar el poder militar comenzarían el 5 de febrero, día en que se conmemoraba la promulgación de la Constitución de 1857. Algunas versiones nos hacen saber que primero capturarían al vicepresidente José María Pino Suárez pues éste presidiría la ceremonia, pero se rumoró que no concurriría y abortaron la operación. Pero como todo ese tiempo fue de culebrones y rumores, otro hecho se habría interpuesto entre la ruta para asaltar el poder que habría alterado el cronograma: lo acontecido en la calle de Academia No. 12 de la Ciudad de México.
¿Qué ocurrió? El parricidio en la casa de Academia No. 12, Ciudad de México, propiedad del adinerado Íñigo Noriega. El 1º de febrero de 1913 dos de sus hijos, Íñigo (veintisiete años) y Eulalia (diecisite años) murieron adentro. Los vecinos reportaron haber escuchado cinco balazos. Él la mató y luego se suicidó. Se dijo que no estaba bien de sus facultades mentales: neurastenia o hipocondría; o que era “calavera” (“mujeriego y parrandero”, según el Diccionario del español de México). Que estaba celoso de su hermana (¿enamorado de ella?) pero a la vez molesto, porque Eulalia habría sido descubierta en amores con el administrador de la hacienda de Xico, propiedad del padre. El robacorazones se llamaba Manuel Rodríguez. Padre e hijo se oponían a ese “indigno amor”. ¡Ay, doña Clofis, las pasiones humanas siempre tan misteriosas!
La versión mejor reconstruida a partir de lo publicado es que la jovencita Eulalia se encontraba en su habitación cuando Íñigo, su hermano, diez años mayor, irrumpió en ésta, discutieron, él sacó la pistola y al menos tres balas quebrantaron el cuerpo de la adolescente. Al darse cuenta del fratricidio, de inmediato él se suicidó. Llegó la policía y el escándalo que rodeaba a una de las familias más acomodadas de la capital se esparció como pólvora.
Don Íñigo fue visitado para recibir el pésame el día 2 de febrero y entre los contritos estuvieron aquellos intrigantes con los que había estado tratando. El hombre de negocios, palabras más o menos, les confesó, según los impresos: yo no puedo ayudarles para lo del cinco, estoy de duelo. Si gustan y les parece, viviré mi dolor y luego nos buscamos.
Los conjurados se reunieron ese día en otro sitio. La decisión tomada fue iniciar el golpe de Estado el 9. Y, en efecto, el 9 de febrero se verificó la primera acción: fueron liberados de la prisión militar de Santiago Tlatelolco el general Bernardo Reyes y el exbrigadier Félix Díaz. El primero se montó en un caballo y cabalgando se dirigió con frenesí hacia Palacio Nacional. Se disponía a entrar y a ser el propio verdugo de Madero quien, por cierto, no se encontraba allí. Murió tiroteado en el intento, en la Plaza de la Constitución. Dentro del edificio, además, fue fusilado el también insurrecto general Gregorio Ruiz. El segundo tomó rumbo a La Ciudadela, lugar que resguardaba el arsenal del ejército, para asaltarlo junto con el general Manuel Mondragón. Y no, de Noriega no se supo mucho durante febrero. Nos leemos luego, señora bonita. Le tengo otras anécdotas.