La otra escena / La congruencia estética y moral de Amanda Schmelz
- Miguel Ángel Quemain. quemain@comunidad.unam.mx - Saturday, 31 Jan 2026 21:15
Mujeres testigo, bajo la dirección y concepto original de Amanda Schmelz, es un ejercicio conmovedor y beligerante de congruencia, solidaridad y voluntad de establecer caminos sin concesiones para la paz en Palestina, con alcances que universalizan el diálogo, el tejido fino para construir una imaginación poética ancestral y contemporánea, capaz de diluir las nociones de espacio con conceptos de mayor amplitud, como los que corresponden a la simultaneidad del ahora y el aquientodaspartes.
El camino de esta actriz, directora y escritora, está construido de congruencia desde un activismo, por así llamar esa continuidad estética preocupada por el entorno, en una dimensión donde las ideas son el humus de una realidad muy rica, columbrada por puntos de vista, imaginaciones escénicas, literarias, filosóficas y políticas.
Hace más de una década, la directora Sandra Félix dotó de poder y rigor una puesta en escena que fue también una lucha avanzada para la sobrevivencia de un teatro de calidad, apoyado en personas que ofrecieran su espacio (su sala) para dar función. Aquí reseñé (La Jornada Semanal núm: 957) la entonces trashumante Rose, sobre la que anoté: “Amanda le da vida a un personaje pleno de matices en un concierto gestual, tonal, que tiene encima décadas y décadas de recuerdos, reflexiones, culpas, enojos y placeres. Su estupenda actuación hace pensar que el personaje habla en un estado de flotación y de libre asociación; sin embargo, el texto de Martin Sherman es un alegato ético y no una expresión del puro psiquismo.” A ese recorrido se sumó el compromiso y la sutileza de Sandra Félix.
Ahora, Schmelz explora el bordado tradicional palestino llamado tatreez como vehículo de memoria, identidad y cultura, con énfasis en las historias y experiencias de las mujeres palestinas. Su objetivo es tender un puente de solidaridad y reconocimiento hacia ellas que, a través del bordado, representan historias familiares, momentos históricos y el patrimonio cultural que ha sido transmitido de generación en generación. La pieza textil colectiva se integra a la escenografía acompañada de materiales audiovisuales y testimonios que profundizan en su significado.
Amanda Schmelz se teje con otras tres mujeres que comparten su alto nivel profesional, de humanismo y compromiso político y estético: está Carmen Mastache, actriz-cantante desde hace más de treinta años, licenciada en Literatura Dramática y Teatro, y Maestra de voz en Metodología Linklater. Ha participado en más de cincuenta obras de teatro. Fue integrante del elenco estable de la CNTeatro. Recibió el Premio Metro a Mejor Actriz de Reparto.
Participa también Azalia Ortiz, también es licenciada en Teatro por la Universidad de las Artes. Perteneció al Elenco Estable de la CNT y ha trabajado en más de cincuenta puestas en escena. Borda con ellas Micaela Gramajo Szuchmacher, actriz, directora y dramaturga. Es parte de dos compañía, Teatro Bola de Carne y Proyecto Perla, y es miembro de Judíes por una Palestina Libre.
Menciono lo más visible de un conjunto de talentos generosos y extraordinarios que participan en la música (Nicolás García), escenografía (Lorenza Manrique) y la iluminación (Jorge Kuri), además del luminoso Taller Tatreez-mujer testigo, compuesto por personas incansables que destacan por su compromiso, su conocimiento y disciplinas artísticas.
En fin, todo surge de esta sensación de impotencia colectiva y de la necesidad de no permanecer indiferentes ante un genocidio. Una postura que surge de una práctica milenaria protagonizada por las mujeres palestinas desde tiempos inmemoriales y que es un estandarte poderoso del movimiento por la liberación de Palestina. Todo esto viene también desde un judaísmo profundamente cultural y ecuménico, desde donde Schmeltz también traza un homenaje conmovedor a su propio padre. Y esto continua y continuará hasta que llegue la paz l