La flor de la palabra / El arte y la interculturalidad

- Irma Pineda Santiago - Saturday, 31 Jan 2026 21:09 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
El término de interculturalidad se popularizó en México principalmente en el ámbito educativo a inicios del milenio, con la creación de la Dirección General de Educación Intercultural Bilingüe (DGEIB).

 

El término de interculturalidad se popularizó en México principalmente en el ámbito educativo a inicios del milenio, con la creación de la Dirección General de Educación Intercultural Bilingüe (DGEIB). Si bien desde años antes ya se hablaba de atender la diversidad cultural desde un enfoque intercultural y no solamente bilingüe-bicultural, como lo demandaron por varias décadas los profesores del medio indígena, fue a partir de 2001 cuando desde el Estado se habló con mayor énfasis de la interculturalidad para considerar a otras culturas, como la afromexicana y las migrantes asentadas en territorio mexicano.

Si retomamos la definición de la UNESCO para dicho término tenemos: “La interculturalidad desde un enfoque integral y de derechos humanos se refiere a la construcción de relaciones equitativas entre personas, comunidades, países y culturas. Para ello es necesario un abordaje sistémico del tema, es decir, trabajar la interculturalidad desde una perspectiva que incluya elementos históricos, sociales, culturales, políticos, económicos, educativos, antropológicos, ambientales, entre otros.” En la práctica, los pueblos indígenas siempre han vivido en la interculturalidad, dialogando, compartiendo e intercambiando territorios, trabajo, conocimientos, pensamientos y arte, entre muchas cosas. Desafortunadamente, cuando hablamos de diálogo entre las culturas indígenas y la hispanohablante, encontramos que la interculturalidad es una falacia, puesto que a los indígenas se nos exige, para sobrevivir, aprender español y conocer los códigos de una cultura que no es la de origen, pero no ocurre lo mismo del otro lado, por lo tanto, dicho diálogo y la interculturalidad de nueva cuenta quedan en el discurso.

Quizá sea el arte el terreno donde se puede contribuir a la construcción real de la interculturalidad, donde las manifestaciones artísticas dialoguen con otras culturas, las influyan, se dejen influir, se comuniquen y aprendan unas de otras. Porque la interculturalidad como aspiración más que como descripción, no admite la superioridad de ninguna cultura sobre otra, por el contrario, propone una vinculación más simétrica que puede ser posible desde el campo del arte. Es decir, cuando hablamos de interculturalidad desde el terreno del arte tenemos que pensar en cómo nos posicionamos frente a otros artistas, no sólo aprender y aprehender sus elementos culturales y comunicarle los nuestros, sino cómo establecemos una mínima relación en un marco de respeto por su trabajo, por sus posturas artísticas que conllevan las políticas, construidas no sólo desde el marco cultural propio del artista, sino tejidas con una serie hilos que simbolizan esos saberes y conocimientos ancestrales, retomados desde la modernidad, contagiados por otras visiones del mundo.

Me parece que Xavier Albó lo define mejor:“El ideal de interculturalidad, más que una simple tolerancia, consiste en convivir con quien es distinto con un mínimo de respeto, aunque en realidad la meta debería ir más allá: buscar relacionarse de manera positiva y creativa, generar un enriquecimiento mutuo entre todos los actores, sin perder la identidad cultural de quienes interactúan.” Bajo esta idea deberíamos apostar por una interculturalidad real, ya que es la aspiración que puede coadyuvar a la construcción de una sociedad más equitativa, justa y democrática. Para ello es necesario aplicar este concepto desde lo individual y lo social, pues recordemos que no son las culturas como entes abstractos las que se vinculan unas con otras, sino que somos los seres humanos y, como tales, debemos trabajar en la construcción de relaciones racionales, respetando al otro, valorando la riqueza de la diversidad cultural y comprendiendo que la homogenización es sinónimo de pobreza cultural, y entendiendo que podemos ser diferentes mas no desiguales l

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