Cinexcusas / El centenario del Neoyorquino

- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 31 Jan 2026 21:00 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
The New Yorker –que podría traducirse como El Neoyorquino–, es con toda seguridad la revista literaria y cultural más célebre de cuantas se editan hasta el día de hoy

Aunque ha realizado algunas cintas de ficción, el estadunidense Marshall Curry sobre todo es documentalista –Pelea callejera (2005), sobre elecciones; Si un árbol cae (2011), sobre activismo ecológico; Apunta y dispara (2014), sobre belicismo– y en este género su trabajo más reciente es The New Yorker at 100 (2025). Cinefotografiado por él mismo, coproducido con Elizabeth Martin y Xan Parker, editado por Penélope Falk y Zachary Stuart-Pontier, el documental fue lanzado en la plataforma Netflix a finales de agosto del año pasado.

Para quien lo ignore, la estadunidense The New Yorker –que podría traducirse como El Neoyorquino–, es con toda seguridad la revista literaria y cultural más célebre de cuantas se editan hasta el día de hoy, y lo ha sido desde su fundación, en el mes de febrero de hace 101 años. El documental de Curry, también traducible como El neoyorquino a los 100, tiene como obvio propósito celebrar el centenario de la publicación.

Del presente al pasado
y viceversa

Estructurado diegéticamente a partir de un par de meses antes de que The New Yorker cumpla sus primeros cien años, el documental va y vuelve del presente al pasado, saltando de 2025 a la década de los años veinte del siglo anterior, para regresar al ‘25 y saltar de nuevo a la década de los cuarenta y repetir el proceso para viajar a la década de los sesenta, los ochenta, los primeros dosmiles, y rematar en el regreso al presente, hasta el momento mismo de la edición del centésimo
aniversario.

La simplicidad de esa estructura narrativa fílmica hace posible acercarse –completarlo al cien por ciento se antoja imposible– a contar así sea apenas lo suficiente y, de manera simultánea, explicar la historia completa y la relevancia de una publicación periódica señera como pocas, que ha hecho y sigue haciendo historia y, como no podía ser de otra manera, muy poco tiempo después de su fundación se convirtió en un referente ineludible para el buen periodismo, en particular el de orden cultural.

En clásica yuxtaposición, The New Yorker at 100 combina entrevistas con miembros de la redacción actual, reporteros y editores, colaboradores permanentes y algunos lectores, con imágenes ya sea fijas o en video de las distintas épocas de la revista. De ese modo, la cronología establecida recorre el período de Harold Ross, fundador y primer director desde aquel 1925 y hasta su muerte, en 1951 –por alguna razón no aclarada en general se omite a Jane Grant, alguna vez reportera de The New York Times y cofundadora de la revista–, y de década en década pasa por momentos relevantes no sólo para The New Yorker, sino de la propia vida pública, sobre todo estadunidense: en los años sesenta, por ejemplo, el reconocimiento de un racismo hasta entonces inconsciente y la consecuente incorporación de colaboradores afroamericanos; a principios de los dosmiles, el abordamiento ineludible de la caída de las Torres Gemelas en Nueva York y sus secuelas; a mediados de la década pasada, el primer ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y las implicaciones que conllevaba…

Una reserva de inteligencia

Es preciso insistir en la dificultad para resumir, en un lapso de noventa y siete minutos –que es el pietaje del documental–, la historia completa de una publicación en la que han colaborado Dorothy Parker, Raymond Carver, Susan Sontag, John Updike, Anne Sexton, Truman Capote, Hannah Arendt, E.L. Doctorow, John Cheever, J.D. Salinger, Woody Allen, Robert Crumb, Miguel el Chamaco Covarrubias, Charles Adams, Andy Borowitz, Art Spiegelman y muchísimos otros, entre ensayistas, narradores, poetas, humoristas, dibujantes, ilustradores, críticos, etcétera.

Más allá del discutible reproche a una falta de mayor profundidad, factible en virtud de haber tenido acceso absoluto a todas las fuentes de información imaginables, The New Yorker at 100 cumple el cometido de dar a conocer a un público no especializado la naturaleza y la importancia de la que, sin duda y hoy más que nunca, es una de las pocas reservas estadunidenses de inteligencia y decoro l

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