Cinexcusas / Colonizados fílmicos

- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 17 Jan 2026 20:32 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

El año pasado, la muy adinerada y poderosa compañía Netflix anunció que invertiría cuantiosas sumas de dinero en la producción cinematográfica mexicana, lo cual puso muy contento a Todomundo, desde las autoridades gubernamentales hasta el último elemento de la comunidad fílmica. Se asumió, de entrada, que los tales e ingentes dineros serían beneficiosos en todos los sentidos, es decir, no solamente en cuanto se refiere a paliar la siempre insuficiente capacidad económica para filmar todo lo que se quisiera filmar, sino también por cuanto hace a una diversidad que, les dio por suponer, se daría por automático: si hay más lana se podrán contar más historias, éstas serán de todo tipo y, ya que se trata de México, habrán de referirse a nuestra idiosincrasia, contexto social, cultural, histórico, político, etecé.

Por desgracia pero previsiblemente lo anterior no está sucediendo, pues con lo que no se contó –o se soslayó deliberadamente– es que, a la hora de invertir su dinero, Netflix es idéntica y responde exactamente igual que cualquier compañía de las llamadas major: el riesgo, la osadía, los terrenos desconocidos no son lo suyo, ni en materia temática ni al elegir a quién financia. Un operaprimista, de entrada y por el solo hecho de serlo, queda descartado; lo mismo le sucede a un cineasta que ya cuente con la “suficiente” trayectoria –de acuerdo con los criterios netflixeanos–, pero que le diera por trabajar, por ejemplo, con un casting de actores debutantes, noveles, desconocidos. Le dirían algo así como “vale, producimos tu película, pero en el reparto tienes que poner a alguien así o asá”, o incluso peor: “pues mira, tu proyecto vale la pena, pero como que le falta un par de cosas a tu guión… si le agregas un conflicto amoroso o una pérdida fatal, con eso ya quedaría”.

En la coyuntura entre quienes aceptan cuanta modificación les sea impuesta y quienes, con cierta integridad, se niegan
a que les cambien una sola coma, la solución netflixeana
es la mar de simple: vale más ir a lo seguro, a lo ya comprobado, y para eso están los remakes y las adaptaciones.

 

La solución netflixeana

A la gorda camada de estas últimas pertenece La hora de los valientes (2025), versión “mexicanizada” de la cinta argentina casi homónima Tiempo de valientes (2005), escrita y dirigida hace veinte años por Damián Szifron, producida por 20th Century Fox y considerada en Argentina como la película más exitosa del subgénero conocido como buddy cop, a saber, aquel consistente en emparejar a un par de personajes que al principio se llevan mal y terminarán llevándose bien, mientras resuelven un “caso” o atrapan al malo.

Así pues, la original Tiempo de valientes no es sino una “tropicalización” más de un subgénero del cual Hollywood ha proveído, provee y seguirá proveyendo decenas y centenas de repetitivos, calcados, cansones e innecesarios ejemplos
–ponga el lector como ejemplos los primeros que se le vengan a la memoria: Arma mortal, Dos policías rebeldes, Una pareja explosiva, Punto de quiebre...–, y su principal cometido será parecerse tanto como sea posible a sus referentes, lo cual ha de lograrse en función de la fidelidad a la fórmula: antipatía y rechazo inicial del dueto protagonista, necesidad mutua de ayuda, complicaciones de pacotilla y previsiblemente solucionables en su misión, obtención final del éxito y camaradería resultante.

Que en Tiempo de valientes, igual que en La hora de…, uno de los personajes sea psicoanalista y el otro policía, no vale como diferencia o apartamiento del cartón; tampoco, que el no-policía resulte ser indispensable para que “el caso” sea resuelto, que sus torpezas se trastoquen en virtudes, ni que lo solucione todo a pesar de sí mismo. Eso y nada más es lo que sucede en la cinta mexicana, como sucedió en la argentina y como, mínimas diferencias de por medio, pasó en sus antecedentes gringas.

Si a esto se refería Netflix al anunciar sus pingües inversiones en el cine mexicano, que después nadie niegue nuestra condición de colonizados fílmicos.

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