Bemol sostenido / Manuel y Pablo, a 150 años
- Alonso Arreola @escribajista - Saturday, 17 Jan 2026 20:44
La combinación no podía ser mejó. Mire usté, lectora, lectó: nacer en Cádiz, al sur de España, en el año 1876. Que en casa halla dinero y amor por la música. Que el padre sea un comerciante de Valencia intérprete del armonio. Que la madre sea su primera maestra de piano. Que al lado de sus hermanos reciba clases particulares. Que combine el conocimiento académico con la sabiduría flamenca (duende y aire jondo). Que así comience andanzas llamándose Manuel de Falla, figurón al que se deben renovaciones significativas en la estética andaluza.
A diferencia de él, otro que hoy nos toca tuvo una infancia limitada en tierra catalana. Su padre también fue músico. Organista de parroquia y director de coro que trabajó igualmente de carpintero, por lo que pudo construir el primer chelo de su hijo a partir de una calabaza. Su madre fue hija de inmigrantes que viajaron a Cuba y Puerto Rico, en donde nació antes de llegar a Tarragona. A ella se le atribuye la educación social y ética que el artista ostentará contra los opresores. Su nombre fue Pablo Casals, quien también naciera
en 1876.
Esa coincidencia no es anecdótica ni termina allí. Si nos adentramos en el calendario veremos que, tras el fracaso de la Primera República, fue en ese mismo año cuando España celebró elecciones generales y promulgó una nueva Constitución. Allí inicia la llamada Restauración Borbónica, lo que funcionó poco más de medio siglo, hasta la llegada del “bando nacional” al que se sumaron falangistas simpatizantes del fascismo.
Es en la política, precisamente, donde la vida de ambos se separa. Durante la Guerra Civil, Manuel de Falla se encierra en un conservadurismo que no cuadraba del todo con la Segunda República, aislándose en Granada luego del asesinato de su entrañable amigo Federico García Lorca. Pablo Casals, por su lado, disuelve su orquesta y se exilia en Francia con la llegada de Franco. Ambos, para ese momento, eran personalidades reconocidas y emblemáticas del arte español. Los dos sufrieron.
De Falla decayó física y emocionalmente hasta que finalmente “escapó” a Argentina, tierra en la que pudo desarrollarse prolíficamente para no volver a Europa. Murió en 1946. Casals se negó a tocar para Hitler arriesgándolo todo. Luego viajó por un mundo que celebraba su virtuosismo, pero mantuvo protesta contra gobiernos que reconocían a Franco. Finalmente se estableció en Puerto Rico, siguiendo las raíces maternas. Murió en 1973. ¿Por qué hablamos de ellos?
Manuel de Falla representa ideales que en México tuvieron Chávez, Revueltas y Moncayo. Los ecos de su visión gaditana pasada por el mundo clásico han reverberado en toda Iberoamérica, mostrando una genética que enaltece la complejidad y frescura flamencas. Verbigracia: El sombrero de tres picos y Amor brujo, que le recomendamos escuchar con la orquesta de Chicago conducida por Daniel Barenboim.
Pablo Casals, en cambio, parece viajar en sentido contrario: de lo global a lo íntimo. Transformó por completo la manera de tocar el chelo, poniéndolo al centro de obras que habían caído en el olvido o que no eran bien consideradas en el corpus más importante del repertorio clásico. Hoy cuesta trabajo imaginarlo, pero sin Casals las suites de Bach, por ejemplo, no serían lo que son en el imaginario global. Búsquelo tocando la Suite No. 1, filmada en 1954. ¿No le resulta extraordinario que estos artistas, nacidos hace ciento cincuenta años suenen tan próximos al corazón? Estemos atentos, que se viene todo tipo de celebración. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.