Cinexcusas / ¿Y dónde está el guionista?

- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 10 Jan 2026 20:51 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Una de las cantinelas que más frecuentemente se oyen en el medio cinematográfico mexicano dice que “no hay guionistas”. Es obvio que se trata de una generalización, injusta como todas, y que con ella más bien quiere decirse que no hay buenos guionistas, lo cual es otra generalización, basada sobre todo en una postura igual de prejuiciosa, consistente en actuar como si no hubiera ni una sola persona que se dedique profesionalmente sólo a escribir guiones, a la cual productores y directores puedan acudir en búsqueda de esas historias “que conecten” con el público y que además estén lo suficientemente bien escritas como para ser el punto de partida de una producción. Lo que tenemos, de manera casi absoluta, son directores que al mismo tiempo la hacen de guionistas, pero no por gusto ni por oficio, sino por necesidad: tengo una historia que contar, la quiero dirigir, y ya que es mía y seré yo quien la lleve a la pantalla, ¿quién mejor que yo para escribirla?

De esa manera, el círculo del prejuicio se cierra sobre sí mismo y, particularmente en filmes susceptibles de ser considerados “de autor”, es decir, de los que ni éste ni nadie más espera ya no digamos el éxito comercial sino ni siquiera la recuperación de lo invertido, salvo rarísimas excepciones de entrada es impensable la posibilidad de que alguien probablemente mejor preparado que el realizador le meta mano a la historia por contar. El resultado es previsible: la película “de autor” será paseada en festivales cinematográficos donde podrá o no ganar uno
o más premios, si corre con suerte –a diferencia de muchas otras que jamás van a salir de su empaque– será exhibida en un puñado de salas, no necesariamente comerciales, y acto seguido pasará a engrosar la muy nutrida lista de olvidos y olvidables en la cual consiste el grueso de la cinematografía nacional.

Por otro lado están los filmes financiados mayoritaria o totalmente por una productora privada, con los cuales lo que suele ocurrir se ubica en las antípodas: llega un director con la historia que quiere filmar, la presenta, convence a la productora de que ahí hay algo, es financiado… pero también suele suceder que, ya en el proceso, la empresa ordene tantos cambios –pequeños, enormes, los que hagan falta– determinados por la intención de que el filme sea “exitoso” pero, ojo, no concebidos por un guionista sino por uno o más productores, que la mayoría de las veces, y sin que por supuesto haya garantías del éxito buscado, el guión original no sólo queda irreconocible para su autor original sino que, aún más triste, se parece muchísimo a cualquier otra cosa filmada con anterioridad, estandarizando de ese modo lo que se cuenta y el modo en que se hace.

El resultado de todo lo anterior es bien conocido: sobreabundan las películas intimistas, personales, casi clandestinas, tanto como las de fórmula, previsibles y acartonadas, tan parecidas unas a otras que resultan irreconocibles. El denominador común es que ni unas ni otras logran desplazar de los espacios de exhibición al cine visto predominantemente, ya se sabe cuál. La intención de apartarse del formato y las temáticas comerciales conlleva, y a sabiendas, un grado mayor o menor de ostracismo; por su lado, la intención de competirle al cine de palomitas copiándolo tan eficientemente como sea posible, a su vez conlleva la conciencia de que la imitación siempre estará a la zaga del original.

¿Dónde queda el guionismo en este panorama? Es decir, no el practicado por un realizador que sólo sabe acudir a sí mismo, consciente o inconscientemente dando por hecho que escribir un guión y dirigirlo son actos inseparables. No es verdad, como quiere creer el prejuicio, que no haya guionistas; salvo un escasísimo puñado, lo que hay es la tendencia a ignorarlos, al grado de que acerca de ellos se desconoce prácticamente todo: dónde estudiaron, dónde trabajan, de qué viven o si, como sucede con tantos otros oficios, el guionista tiene que trabajar en otra cosa y sólo en sus ratos libres le da a la escribida l

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