Cataluña y la resistencia de una lengua
- Josely Vianna Baptista - Saturday, 10 Jan 2026 20:33
El aumento en la tendencia funcionalista a utilizar un código lingüístico de variabilidad mínima ha agudizado el problema de los dialectos y las lenguas minoritarias. La globalización arrastra su motoniveladora también hacia las lenguas que deben resistir valientemente para no desaparecer. Esta tendencia al aplanamiento de la diversidad cultural, como advierte el poeta gallego Antonio Domínguez Rey en la presentación de Serta. Revista Iberorrománica de Poesía y Pensamiento Poético, “subyace hoy día en la realidad mercantil de Europa, a pesar de los esfuerzos multilingües y del reconocimiento diferencial de las culturas en su Carta Magna”. La publicación reúne poemas y ensayos de autores contemporáneos del ámbito iberorrománico que escriben en catalán, gallego, vasco, rumano, español, francés, portugués e italiano, lo que contribuye a ampliar un territorio del que también forman parte, por ejemplo, los trabajos dedicados a las poéticas africanas e indígenas.
A pesar de las dificultades, Domínguez Rey destaca la actual vitalidad creativa de la mayoría de las lenguas romances (las lenguas modernas derivadas del latín), además del euskera, la singular lengua vernácula del País Vasco.
Es el caso del catalán que, durante el reinado aragonés del siglo XII, llegó a ser la lengua oficial, luego pierde fuerza, goza momentos de un fugaz renacimiento y finalmente, en el siglo XIX, recupera su vigor y da paso a una fecunda literatura. Si atendemos, así sea superficialmente, a la trayectoria de la literatura catalana (en particular la poesía), sus momentos de bonanza y de sequía –con los altibajos de la historia de Cataluña como telón de fondo–, observaremos que esta lengua, si se me permite una febril imagen, es como la rosa de Jericó, que rueda seca por el desierto, muerta en apariencia, y que con la lluvia se abre en ramas y frutos.
Cataluña está situada entre los Pirineos y el delta del Ebro, al noreste de España. Su historia es turbulenta, con la presencia de celtas, íberos y griegos antes de la unificación romana, que se produjo a partir del año 218 aC; la ocupación de los visigodos y árabes en los siglos VI y VIII; la anexión de la Marca Hispánica al Imperio carolingio (siglo IX), cuyo declive garantizó su autonomía, vigente hasta el siglo XVII. Fue entonces que un intento de unificación llevó al pueblo a rebelarse y obtener un relativo reconocimiento de sus libertades institucionales. Luego, en los siglos XVIII y XIX, Cataluña se industrializa y resurge –en pleno vértigo finisecular del siglo XIX– la lucha por la emancipación, lo que condujo a una nueva reivindicación de la lengua vernácula como lengua literaria. En 1931 obtiene la autonomía
que le había sido usurpada durante la dictadura franquista. Con ello, nuevos aires refrescan el paisaje catalán en los años sesenta y, para el ’79, la región conquista una vez más su estatuto de libertad. Sujeta a los avatares de la historia, la lengua catalana, sin embargo, logra mantenerse viva y hoy en día enriquece la literatura con la diversa singularidad de su creació.
Los primeros registros
Las primeras manifestaciones importantes de la literatura catalana escrita parecen datar del siglo XII. Los textos religiosos como las Homilies d’Organyà se encuentran entre los primeros registros literarios y Ot de Montcada es uno de los pocos nombres de poetas que llegaron hasta nosotros. En la prosa catalana en formación destaca Usatges, una compilación realizada en el siglo XI por orden del conde de Barcelona, Ramon Berenguer I, el Viejo, que coincide con la presencia de los primeros trovadores.
En el siglo XII, “siglo de oro de la literatura medieval en Francia”, como señala Segismundo Spina en A lírica trovadoresca, los poetas catalanes –como Bernart de Ventadorn, Bertran de Born, Berenguer de Palou, Guillem de Cabestany, Guillem de Berguedà y Guiraut de Cabreira, además del prolífico Cerverí de Girona, ya en el siglo XVIII– escriben en provenzal, la lengua de los trovadores por excelencia.
Ya en el siglo XIII, Jaume I, el Conquistador, autor de la prosa histórica Crònica de Jaume, da un gran impulso a la literatura en catalán. El rey fue contemporáneo de Ramon Llull (1235-1315), poeta, misionero, filósofo y teólogo que escribió en catalán y castellano. Este notable mallorquín inaugura, según estudiosos como Josep-Sebastià Pons, la fase nacional de la literatura catalana.
El desarrollo de la poesía catalana se fue dando casi al mismo tiempo que el provenzal. La primera referencia al catalanesh, que muestra claras
diferencias con el provenzal, aparece en las Regles de trovar, escritas por el poeta Jofre de Foixà a pedido del rey trovador Jaume II. En la primera década del siglo XIII, muchos trovadores del Languedoc parten a Cataluña, huyendo de los cruzados del norte de Francia que comienzan a perseguir albigenses, herejes del sur.
En la segunda mitad del siglo XIV surge la llamada escuela poética catalana, en gran parte incentivada por los certámenes que tenían lugar en Tolosa (Toulouse), donde se reunía la Sobregaya Companhia dels Sept Trobadors, cuyos participantes escribían en catalán. En 1393 se funda un Consistori de Gaya Ciencia en Barcelona, siguiendo el modelo de Tolosa, de influencia italiana (Dante, Petrarca). En la era clásica de la poesía catalana, destaca el trabajo de Ausiàs March (1379-1459), así como la novela de caballería Tirant lo Blanch.
En los tres siglos posteriores, el castellano se apodera de la región y la lengua catalana sobrevive prácticamente sólo entre el pueblo, entre poetas populares. La unión de los reinos de Aragón y Castilla en 1479 destruye la autonomía política
de Cataluña y, con ello, inevitablemente, su lengua y su literatura acaban siendo reprimidas. Poetas eruditos, como Manuel Cabanyes, pasan a escribir en español.
La aparición de los alejandrinos de Carles Aribau en La Pàtria (1833) marca el rescate del catalán como lengua literaria e instrumento político. El clima en Europa es favorable, con el viento de la idea de nacionalidad agitando la estela romántica. El dramaturgo Ángel Guimerà es una figura importante de una época que aún gozaba del impulso de Rubió i Ors, quien a los veintiún años comienza a publicar versos sueltos en catalán, bajo el seudónimo de Lo Gaiter del Llobregat, y que en 1841 lanza un libro en el que propone la restauración de los jocs florals (que volverían en 1859) y de la academia del Gai Saber.
Letras en mangas de camisa
Luego viene la Renaixença, con poetas como Pons i Gallarza (1823-1904), T. Llorente (1832-1911) y J. Verdaguer (1845-1902). La poesía catalana ahora dirige su mirada hacia el pensamiento estético moderno europeo, donde también son protagonistas Costa i Llobera, Alcover y Joan Maragall, a quienes se opone la “escuela mallorquina” –“una reacción de fondo parnasiano al romanticismo de la Renaixença”, como explica Domingos Carvalho da Silva en su introducción a la Antologia de poesia catalã contemporânea (1969), de Stella Leonardos. Ya a inicios del siglo XX, movimientos culturales y políticos, como el que llevó a cabo la liga regionalista, agitarán Cataluña; no serán pocos los adeptos al anarquismo, que conviven con una intensa acción comunista y socialista.
Con su ideario estetizante, inspirado en el simbolismo francés, J. Carner (1884-1970) provocará, a su vez, la reacción “de los partidarios de una poesía militante, que no se complacen con el catalanismo [que defiende la emancipación de Cataluña] de los poetas así llamados burgueses ni aquella civilitat a la que se refería Eugenio d’Ors”. Más adelante, da Silva señala que, en Poesia catalana del segle XX, “J. M. Castellet y Joaquim Molas censuran, de principio a fin, a los catalanistas y civilistas como Carner y su seguidor Guerau de Liost, Eugenio d’Ors y López-Pico, por su ideal de la ciutat de marbre, de la Barcelona de marfil o incluso de la Catalunya-Ciutat”. En cuanto a Joan Salvat-Papasseit (1894-1924), que en uno de sus poemas señala que los albañiles van en cos de camisa (van en mangas de camisa), es considerado “vanguardista”. Hay aquí una imagen recurrente: Joan Brossa describió sus Poemas civis como “poesía en mangas de camisa”, como cuentan sus traductores en el posfacio de la edición brasileña.
Del siglo pasado, podemos citar además a Miquel Ferrá, M. Antònia Salvà, Josep-Sebastià Pons, Tomàs Garcés, Marià Manent, J. M. de
Sagarra, Joaquim Folguera, Clementina Arderiu, Carles Riba, Ventura Gassol, Josep Junoy, J.V. Foix. El uso en común de la lengua catalana fue adquiriendo, al aire libre y con los pies en marcha, características diversas en el campo y la ciudad. Esto derivó en una curiosa polémica: poetas que escribían sólo sobre temas rurales y poetas
que escribían sólo sobre temas urbanos, y aun otros, como el idiosincrático d’Ors, que defendían el romance entre el campo y la ciudad.
Otro movimiento importante fue la Generación del 36, donde destaca Salvador Espriu, contemporáneo de poetas como Joan Triadú, Màrius Torres, Joan Perucho, Rosselló-Pòrcel, Rosa Leveroni, Joan Barat, Josep Romeu, Jordi Sarsanedas y Jordi Cots, algunos de los cuales fueron traducidos por João Cabral y publicados en la Revista Brasileira de Poesia en 1949 (luego supe que Cabral se negó a reeditar esas traducciones).
La Guerra Civil que estalló en 1936 y que culminaría con el ascenso al poder del generalísimo Franco dejó huellas en todos (nunca está de más recordar que los partidarios del dictador fusilaron al poeta granadino García Lorca). La cultura y la lengua catalanas fueron, así, severamente perseguidas. La autonomía que Cataluña venía ejerciendo, lograda a duras penas en el ’31, quedó anulada durante el franquismo y sólo se recuperaría plenamente, como ya vimos, hasta el ’79.
Todo esta “enumeración vertiginosa” fue a propósito. ¿Cuántos lectores, entre los que se han obstinado en acompañarme hasta aquí, saben de la existencia de una profusa creación textual en catalán? Y eso que todavía no mencionamos a poetas contemporáneos como Joan Margarit, Carles Miralles, Francesc Parcerisas, Jaume Pont, Pere Rovira, Àlex Susanna...
Traducción y nota de Iván García y Vania Rocha.