Artes visuales / Las esencias y evanescencias de Lilia Carrillo
- Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx - Saturday, 10 Jan 2026 20:52
Hay pintura que habla desde el silencio, que susurra en voz baja y cautiva con guiños velados, que atrapan la mirada del espectador acucioso con detalles inasibles que revelan una cadencia a un tiempo intensa y pausada, al compás del flujo interior del inconsciente. Pintura que sugiere, evoca y convoca… Pintura de intensidades y misterios ocultos que escapan a la razón
en aras de libres interpretaciones. Así se palpa la obra de Lilia Carrillo (CDMX 1930-1974) reunida a través de un centenar de piezas entre pintura, dibujo, ilustraciones, litografías y diseño de vestuario y escenografía, en la magnífica exposición Lilia Carrillo. Todo es sugerente que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Esta muestra antológica, la más importante que se ha realizado a la fecha, salda una cuenta pendiente con una de las artistas más destacadas del siglo XX en nuestro país, cuya obra quedó un tanto relegada tras su muerte prematura a los cuarenta y tres años de edad, a pesar de haber contado en su momento con merecido reconocimiento, éxito comercial y fortuna crítica. Tuve el privilegio de hacer el recorrido de la muestra en compañía del curador y director del Museo, Daniel Garza Usabiaga, quien subraya que “un objetivo importante de los museos es hacer estas recapitulaciones del trabajo de los artistas y también, en la medida de lo posible, posicionar su arte a nivel global, con el fin de que se revalore en un sentido patrimonial completo”. Esta magna exhibición, resultado de más de seis años de investigación del curador, cumple cabalmente con este propósito, toda vez que el catálogo que acompaña la muestra cuenta con importantes ensayos y una traducción al inglés que contribuirá también a la difusión en el extranjero, pues se contemplan próximas exposiciones en el Americas Society en Nueva York y en el Fine Arts Museum de Houston.
El grupo de obras que constituye el núcleo inicial de la exhibición ofrece una vista panorámica fundamental para entender el proceso creativo de la artista, desde sus primeras obras de juventud, su paso por la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, así como la impronta de su estancia en París entre 1953-1956, cuando viajó con su primer marido, Francisco Guerra, y donde conoció a Manuel Felguérez, con quien se casó en 1960 y compartió su vida creativa hasta el final de sus días. A decir de Garza Usabiaga, “Felguérez sostenía que, en gran parte, él aprendió mucho con Lilia. Es interesante que en estas relaciones de parejas de artistas generalmente se dice que es el hombre quien aporta algo a la mujer, y en este caso fue a la inversa, pues Manuel siempre reconoció que fue a través de Lilia que comenzó a pintar”.
Además de mostrar el proceso creativo de la artista, que transitó con pasos tímidos y cautelosos de la figuración a la abstracción, la exhibición da cuenta de un capítulo fundamental de la historia del arte mexicano de la segunda mitad del siglo pasado, que fue la efervescencia cultural que impulsaron los artistas que formaron parte de la llamada generación de la Ruptura, a la que perteneció Carrillo. A través de fotografías de la fabulosa Kati Horna vemos escenas de las obras del teatro de vanguardia de Alejandro Jodorowsky en las que destacó su diseño de escenografías y vestuario; su participación en el controvertido Salón Esso (1965), donde obtuvo el segundo lugar, y en la acción del Mural efímero en Ciudad Universitaria (1968). Fue la única mujer invitada a formar parte en el famoso proyecto de los murales de Osaka 70 de Fernando Gamboa, con su obra monumental La ciudad desbordada, contaminación del aire, un compendio de todo su trabajo anterior que se puede disfrutar en esta muestra. Asimismo, el curador hace hincapié en la relevancia del interés de la artista por abordar temas de actualidad social y política, presentes entre líneas en su sugerente pintura de esencias y evanescencias l