Nancy Cárdenas: el humor y la ironía de lo cotidiano
Hoy, por fin, la obra poética de Nancy Cárdenas vuelve a nuestras manos, reunida en Antiguas lesbianas de este valle: poesía reunida, libro editado por El Colegio de México y acompañado de un estudio introductorio de la autora Elena Madrigal.
El mérito de Antiguas lesbianas de este valle es doble. Por un lado, recupera la obra poética de Nancy Cárdenas, y por el otro, Elena Madrigal nos ofrece un minucioso comentario crítico en siete partes que enmarca con maestría la relevancia literaria y sociocultural de las letras de esta autora y activista fundacional de los derechos LGBT+ en México. El volumen, sólo posible por el esfuerzo de investigación y archivo de Madrigal, recoge los poemarios de la poeta publicados en vida, así como una gran cantidad de poemas publicados de forma dispersa en periódicos y revistas.
Este libro es una puerta que por décadas permaneció oculta detrás de una fina tela de injusto abandono. Un abandono por parte de las instituciones, de la prensa, de los editores, de los lectores e, incluso, de los poetas. Con amor ‒porque sólo el amor nos salva‒, con profundo amor, Madrigal corre esa cortinilla para mostrarnos el mundo afectivo, directo, combativo e irónico de la poesía de Nancy Cárdenas: “‒Quiero que quede muy claro,/ señor Juez,/ su delito no es bailar el cha cha cha,/ sino el no haberlo bailado conmigo.”
El trabajo poético de Nancy Cárdenas es, además, un contrapunto importante a la poesía mexicana de su generación. Sus poemas se caracterizan por su dominio de la ironía, por su frontalidad y por su formato breve. Carlos Monsiváis ‒nos señala Elena Madrigal en su estudio‒ atribuía la poética de Cárdenas a la influencia de Efraín Huerta y de Salvador Novo. Sin embargo, también podríamos vincular su trabajo, por su tono desenfadado, testimonial y directo, con poetas de otras latitudes. Pienso particularmente en
el estadunidense Frank O’Hara y sus poemas
del almuerzo por la manera en que Nancy Cárdenas consigue articular el acontecer cotidiano y dibujar con el humor que sería natural en una charla de café o en una fiesta.
Cárdenas, como muchas figuras del mundo cultural mexicano de su época, fue profundamente marcada por el Movimiento Estudiantil del ’68. Dan cuenta de ello los tres poemas con los que cierra su plaquette, Vuelo acordado, así como una carta póstuma escrita a Juan Rulfo: “48 horas después de la balacera ya andábamos de nuevo en las redacciones [...] contestándoles las balas con palabras para que los demás supieran lo que había pasado. A Beatriz Bueno, a García Ponce, a Héctor Valdés y a mí nos detuvieron el día 4 a la puerta del Excélsior; a mí con una .45 bien pegada al corazón.”
Ante todo, la poesía reunida de Cárdenas es ahora un libro imprescindible, una referencia obligada para comprender la diversidad poética del México vigesimónico. Se trata de un libro que consigue dinamitar el canon y que nos invita a reconstruir nuestra memoria literaria.
Finalmente, los lectores volvemos a encontrar a Nancy Cárdenas gracias a Elena Madrigal y al titánico esfuerzo académico, de investigación y editorial que logra saldar parcialmente una deuda que todos teníamos. Lo que queda pendiente es el justo homenaje que merece una obra de esta magnitud, y no hay mayor homenaje para cualquier escritor que leerlo, compartir su obra, y permitirnos maravillar por su ternura, por su acidez y por su valentía, pero sobre todo por haber estado a la altura de su época, cuando comenzaba la lucha por nuestra dignidad l