A 50 años de su muerte. Agatha Christie: vida, intriga y suspenso
- Francisco Barriga Puente - Saturday, 10 Jan 2026 20:19
La mayoría de las fuentes afirma que Agatha Mary Clarissa Miller ‒quien con el tiempo sería mejor conocida como Agatha Christie‒ nació el lunes 15 de septiembre de 1890, a las 4 de la madrugada, en el pueblo de Torquay, sobre la costa meridional de Inglaterra. Sin embargo, algunos exégetas de las constelaciones zodiacales, interesados en cucharear su carta astral, sostienen que Agatha llegó al mundo en dicha fecha, pero a las 14 horas con 14 minutos. En apoyo a su afirmación, esos astrólogos esgrimen una supuesta factura del parto, que dicen que fue atendido por la comadrona Shelton-Price, quien cobró por sus servicios una corona y dos chelines de la época. Haya sido como haya sido, Agatha llegó al mundo cuando la luna nueva de septiembre empezó a crecer con gran intensidad, augurándole de esta forma un futuro muy brillante.
Sus padres fueron Frederick Alvah Miller, un inversionista de bolsa estadunidense y Clara Boehmer, una irlandesa depresiva que, ante la falta de Prozac, salió adelante gracias a la sobredosis de comprensión que le brindó su marido. Ella fue quien decidió el triple nombre de su hija: Agatha, como homenaje a la heroína de la novela titulada Agatha’s Husband, escrita por Dinah Craik; Mary, en honor a la abuela materna de la pequeña, y Clarissa, para subrayar que era su benjamina.
No falta a la verdad quien diga que Agatha pasó su infancia sin mayores limitaciones ni preocupaciones, tal y como correspondía a una niña de la clase media-alta de la sociedad victoriana tardía. No fue a la escuela, porque doña Clara lo consideraba innecesario. No obstante, la niña aprendió a leer sola a los cinco años de edad, asociando las palabras de los cuentos que le leían, con las letras del texto. Su papá le enseñó los rudimentos de la aritmética y una profesora particular le impartió unas primeras lecciones de piano.
Mr. Miller murió tras sufrir una serie de ataques al corazón, en noviembre de 1901, a la edad de cincuenta y cinco años. Agatha siempre consideró que la muerte de su padre marcó el fin de su infancia. Tal vez así fue, porque hacia 1905 su mamá la envió a un colegio para señoritas respetables, en París, donde recibió una dosis mínima de educación formal.
Rechazo y reto
Tras regresar a Inglaterra, en 1908, Agatha viajó a El Cairo. La siempre exótica capital de Egipto le proporcionó el escenario para su primera novela: Nieve sobre el desierto. Buscó publicarla con el pseudónimo de Monosyllaba, pero fue rechazada por todos los editores que la leyeron. Un escritor amigo de la familia ‒Eden Phillpotts‒ le aseguró que tenía talento y la recomendó con un colega suyo, quien después de hacerle algunas observaciones le aconsejó que mejor intentara escribir una nueva novela.
En 1913, la escritora en ciernes conoció en Londres a Archibald Christie, un joven aviador militar, apuesto y seguro de sí mismo. Se enamoraron y al poco tiempo de que se hicieron novios estalló la primera guerra mundial. Los acontecimientos bélicos precipitaron la boda. El matrimonio se celebró en la Navidad de 1914. Dos días después del casamiento, Archibald fue enviado al frente francés, para combatir a los alemanes. Por su parte, Agatha se alistó como enfermera voluntaria en el Hospital de Torquay. De la enfermería fue trasladada al dispensario farmacológico. Ahí adquirió un buen conocimiento sobre los venenos, que posteriormente le fue de gran utilidad en su carrera.
Durante aquellos años de guerra, Agatha se aficionó a la lectura de novelas policíacas. Fue por aquel entonces cuando Madge, su hermana mayor, le dijo que no creía que fuera capaz de escribir una de esas novelas, porque las complicaciones del género rebasaban sus posibilidades. Agatha lo tomó como un reto y en 1916 ‒una vez que cargó su estilógrafo con una solución de estricnina‒ se puso a escribir El misterioso caso de Styles. Este texto también fue rechazado por seis diferentes editores. Agatha se olvidó del asunto y terminada la guerra mejor se dedicó a su matrimonio, a la vida color de rosa. El cuadro de la felicidad se completó el 5 de agosto de 1919, con el nacimiento de su primera y única hija: Rosalind Margaret Clarissa Christie.
La niña vino al mundo con buena estrella, porque por los días en que la trajo la cigüeña, el editor John Lane se interesó en publicar El misterioso caso de Styles. Las condiciones para hacerlo eran que la autora volviera a escribir el último capítulo y que aceptara firmar un contrato muy leonino. Agatha consintió. Fue así como el detective Poirot salió a la luz pública, por primera ocasión, en octubre de 1920.
Hercule Poirot, detective
Hercule Poirot era un detective nacido en Bélgica y avecindado en Londres, de unos sesenta y pocos años de edad. Era más bien chaparrito y tenía una cabeza perfectamente oval, coronada con una cabellera obscura, envaselinada, que peinaba de raya en medio. Sus bigotes arriscados constituían una parte importante de su personalidad. Poirot se sabía inteligente, estaba orgulloso de sus “pequeñas células grises”. Vestía como dandy, disfrutaba la música de Bach y fumaba cigarrillos rusos. Lo obsesionaba el orden simétrico y tenía la manía de ajustar siempre su saldo bancario en 444 libras, 4 chelines y 4 peniques.
En 1921, a los Christie se les presentó la oportunidad de darle la vuelta al mundo, para promover la Exposición del Imperio Británico. Así que después de encargar a Rosalind con su abuela, el 20 de enero de 1922 el matrimonio zarpó de Londres con rumbo a Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Tasmania, Hawái y Canadá, para finalmente regresar a Inglaterra, por la vía de Nueva York. Años después, la escritora de novelas detectivescas relató las intensas emociones que vivió en Sudáfrica y Hawái practicando el surfing. Cuesta trabajo imaginar a Agatha Christie en Waikiki, con su traje de baño esmeralda, de pie sobre una pesada tabla de madera, montada en la cresta de una bien formada novena ola y llegando a la playa sin perder la vertical. Aquí resulta tentador agregar un fondo musical de los Beach Boys ‒tal vez “Surfer Girl”‒ pero sin duda resultaría demasiado anacrónico.
Los Beresford y el espionaje
En 1922 salió a la venta la segunda novela de Agatha titulada El adversario secreto, donde aparecieron por primera vez los jóvenes investigadores Tommy y Tuppence Beresford. Estos personajes aparecieron en 4 novelas y 16 cuentos. Un dato interesante es que fueron envejeciendo conforme pasaron los años. Los lectores los conocieron cuando ambos eran veinteañeros y solteros. Posteriormente se casaron, tuvieron gemelos y además adoptaron una niña. Trabajaban para MI6, el servicio de inteligencia británico. Su aventura postrera se fecha en 1973, cuando los Beresford ya eran abuelos de tres nietos. Se trata de La puerta del destino, la última novela que Agatha Christie escribió, cuando sus facultades ya estaban muy mermadas. Siendo una novela de Tommy y Tuppence, a nadie debe causar extrañeza que esté salpimentada con elementos de espionaje.
Infidelidad y desaparición
Al retomar la línea del tiempo, se debe decir que 1926 fue complicado para la escritora. Durante la primavera su madre enfermó de bronquitis y murió. Agatha Christie no acababa de superar su duelo cuando, el viernes 3 de diciembre, Archibald le informó ‒sin más ni más‒ que estaba enamorado de Nancy Neele, una escultural secretaria de veintiséis años de edad, por lo que le pidió que arreglaran un divorcio. Dicho lo anterior, el coronel Archibald Christie empacó dos o tres mudas y se largó a Godalming, Surrey, para pasar el fin de semana con miss Neele.
Ese mismo viernes, por la noche, Agatha le escribió una nota a su secretaria para que le cancelara todas las citas y le mandó una carta a la autoridad policial de Surrey, para avisarle que temía por su vida. Acto seguido se fue de casa en su auto, un Morris Cowley de color gris. Al día siguiente, un joven gitano encontró el auto abandonado a la orilla del camino, en un paraje cercano a Guildorf, en Surrey. El gitanillo dio aviso a la policía. Los agentes de la ley encontraron un fino abrigo de piel en el asiento trasero y una licencia de conducir a nombre de la escritora. A quien no encontraron fue a Agatha Christie y el principal sospechoso de la desaparición era Archibald Christie. La mediatización de la ausencia de la escritora adquirió proporciones nunca antes vistas. Bueno, con decir que hasta Sir Arthur Conan Doyle le llevó un guante de la fabuladora de crímenes a un médium de su confianza, para que por su intermediación los espíritus también la buscaran.
Mientras tanto, en Harrogate ‒315 kilómetros al norte de Guildorf‒ en el Hotel Spa Hidropathic, una tal Theresa Neele, de Sudáfrica, tomaba el té a las 5 pm, jugaba billar, entonaba sentidas canciones románticas y bailaba el charleston con la soltura de una flapper de Carolina del Sur. Un miembro de la orquesta sospechó que mrs. Neele era Agatha Christie, pues se parecía demasiado a la escritora de novelas policíacas, cuyo rostro aparecía en los periódicos todos los días. El músico avisó a la policía, que de inmediato se dio a la tarea de investigar a la huésped sudafricana. La nueva se filtró a la prensa y el Hidropathic se llenó de reporteros. Ya no cabía duda, Theresa Neele era Agatha Christie. ¡La escritora se había registrado en el Hotel Spa desde el sábado 4, con el apellido de su rival de amores!
El caso quedó cerrado y un par de años después, Agatha fue a la corte para tramitar la disolución de su matrimonio. Consumado el divorcio, la escritora, por razones profesionales, siguió manteniendo su apellido de casada y en cuanto pudo se montó en el Expreso de Oriente, para trasladarse a Bagdad a rumiar su decepción. Volvió a hacerlo a principios de 1930. Durante su segunda visita a la ciudad de los caldeos, Agatha conoció al arqueólogo londinense Max Mallowan. Agatha y Max se enamoraron casi a primera vista y en abril de 1930, un mes después de haberse conocido, él le propuso matrimonio. Ella lo dudó porque aún estaba muy viva la herida del divorcio y porque Agatha era catorce años mayor que Max. Sin embargo, a final de cuentas consintió y se casaron en Edimburgo, el 11 de septiembre de ese mismo año. A partir de entonces, durante las siguientes tres décadas, Agatha estuvo casi siempre al lado de su marido, ayudándolo en las excavaciones arqueológicas.
La siguiente cita es atribuida con frecuencia a Agatha Christie: “Un arqueólogo es el mejor marido que una mujer pueda tener; entre más vieja se hace ella, más le interesa a él.” Sin embargo, la verdad es que Max Mallowan fue quien la inventó en 1954, durante una entrevista que concedió a News Report. El arqueólogo ‒con buen sentido del humor‒ se la atribuyó a su esposa, pero la escritora siempre lo negó. En todo caso, la cita
es memorable.
Miss Marple, tejedora e investigadora
El año en que Agatha conoció a Max y se casó con él, fue también el año en que se publicó Muerte en la vicaría, que es la primera novela donde aparece Miss Marple, una solterona de entre sesenta y cinco y setenta años de edad, alta y delgada, de cabeza blanca, piel sonrosada y ojos azules, que vive en un pueblecito a 25 millas de Londres. Miss Marple es una gran tejedora y en muchas ocasiones resuelve sus casos entre dos reveses y un derecho. También gusta de mirar con sus binoculares a los pájaros y a la gente del pueblo. Porque lo verdaderamente suyo es el chisme, el piensa mal y acertarás, la convicción de que “la gente es igual en todas partes”.
En 1939 estalló la segunda guerra mundial. Este hecho determinó que en 1940 Agatha entrara a trabajar en el dispensario farmacológico del University College Hospital, de Londres. Por su parte, Max Mallowan se incorporó al Ministerio del
Aire. Por esas fechas, Graham Greene ‒el mismísimo autor de El poder y la gloria, que trabajaba en MI6‒ se comunicó con Agatha, para conminarla a escribir propaganda a favor de la resistencia inglesa. La Christie declinó la invitación, pero inmersa en el War Effort se puso a escribir una nueva novela de Tommy y Tuppence, a la cual tituló N or M?, que es conocida en español como El misterio de Sans Souci. En esta obra, la pareja de investigadores ingleses ‒ya cuarentones‒ se enfrenta a unos espías nazis que, desde la clandestinidad, intentan socavar la férrea resistencia del Reino Unido. Al respecto, es interesante reportar que entre 1941 y 1942, MI5 investigó a Agatha porque uno de los personajes de la novela era el mayor Bletchley, lo cual le parecía muy sospechoso a la agencia de inteligencia. De hecho, presumían que la autora podía tener un informante en Bletchley Park, o sea, en el mismísimo centro de desciframiento secreto de Inglaterra. Sobra señalar que tras la investigación Agatha quedó libre de toda sospecha.
Agatha Christie, la romperrécords
Christie también triunfó en el terreno de la dramaturgia. La ratonera ‒obra de su autoría que se estrenó en el West End de Londres, el 25 de noviembre de 1952‒ ha roto todos los récords teatrales habidos y por haber, a saber: ha tenido más de 30 mil representaciones, en las cuales han participado más de 460 actores y la han visto más de 10 millones de espectadores. Por cierto, cuando Agatha registró dicha obra, le cedió todos los derechos a su nieto Mathew Prichard, de nueve años de edad, en ocasión de su cumpleaños. Sobra apuntar que, al tiempo, Mathew se hizo millonario gracias a las regalías de La ratonera.
Ya que estamos en la numeralia, cabe señalar que Agatha escribió en cincuenta y seis años de carrera un total de 72 novelas, 153 cuentos, 17 obras de teatro y dos autobiografías. Sus libros han sido traducidos a 103 lenguas y hasta este momento la escritora ha vendido más de 2 millones de ejemplares de sus obras. Las cifras en sí mismas constituyen un reconocimiento, pero el hecho de que fuera designada miembro de la Real Sociedad de Literatura, que le fuera otorgado
el grado de Doctora Honoris Causa en Letras
por la Universidad de Exeter y que la Reina Isabel II la haya nombrado Comendadora de la Orden del Imperio Británico, en 1971, constituyen otros tantos reconocimientos de no menor cuantía.
Una hora de oscuridad y duelo
A partir de ese momento su vida empezó a eclipsarse. El 16 de junio de 1971, Agatha Christie se fracturó la cadera. Su recuperación fue relativamente rápida, a pesar de sus ochenta años de edad. Luego, en octubre de 1974, sufrió un ataque al corazón, del cual también se sobrepuso. Posteriormente, en diciembre de ese mismo año se desfiguró el rostro al estrellarse contra una ventana. Al año siguiente, sus editores la convencieron de que publicara Telón, la última novela de Hercule Poirot, que había sido escrita durante la segunda guerra mundial y cuyo manuscrito seguía resguardado en una caja de seguridad bancaria. Cuando apareció la novela donde muere el detective de los bigotes arriscados, The New York Times publicó su obituario, en la primera plana de la edición del 6 de agosto, El titular decía: Hercule Poirot is Dead. El texto informaba que hacia el final de su vida el detective estaba artrítico, con problemas cardíacos y confinado a una silla de ruedas. Asimismo, asentaba que ya usaba una peluca y bigotes postizos para disimular los signos de la edad que ofendían su vanidad. Meses después, la escritora fue al encuentro de su detective. Dame Agatha Mary Clarissa Christie Mallowan murió en la paz de su hogar la tarde del 12 de enero de 1976, a los ochenta y cinco años de edad. Al caer la noche, todos los teatros del West End de Londres apagaron una hora sus marquesinas, en señal de duelo l