Confinamiento, violencia y alambre de púas

- Alejandro Badillo - Saturday, 03 Jan 2026 22:22 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
El alambre de púas ha jugado un papel importante en las herramientas que se han utilizado para el confinamiento de animales y seres humanos. Este artículo reflexiona sobre la historia de esta herramienta, desde las guerras mundiales hasta nuestros días de realidades virtuales, con efectos muy concretos: “El mundo que siglos atrás proclamaba ideales igualitarios, ahora se ha transformado en un territorio fragmentado por innumerables guetos.”

 

En su libro El mundo de la antigüedad tardía. De Marco Aurelio a Mahoma, el historiador Peter Brown describe los cambios que ocurrieron en los primeros tres siglos de nuestra era. Su análisis se enfoca en las transformaciones que dejó el colapso del Imperio Romano y el creciente peso del cristianismo. Un elemento que se añade al análisis es la importancia de la geografía y el desplazamiento. Citando a Aristóteles (“Vivimos alrededor de un mar como ranas en torno a una charca”), Brown refiere que la llamada Antigüedad tardía tenía como polos urbanos y políticos sólo algunas ciudades cercanas al Mar Mediterráneo. Regiones como la actual Gran Bretaña, o incluso Alemania, eran consideradas regiones en gran parte inexploradas y, por supuesto, habitadas por peligrosos bárbaros. Transportar mercancías era oneroso y, por esta razón, sólo algunas mercancías costosas (especias, metales preciosos, entre otras) valían la pena el riesgo.

La Revolución Industrial, mucho tiempo después, acortó el espacio gracias a los cambios en los medios de transporte que, a su vez, influyeron en la comunicación y en las relaciones sociales. El mundo, en particular Occidente, parecía dirigirse a un futuro en el que el desplazamiento podría realizarse a bajo costo y con total libertad. Sin embargo, antes de que la industria capitalista moldeara el mapa económico y cedieran barreras geográficas que antes eran infranqueables, se había implementado una política conocida como “cercamientos”. Áreas boscosas y de cultivo utilizadas anteriormente por la comunidad fueron expropiadas por los señores feudales. Con el tiempo, los habitantes de poblaciones rurales (mayoritarias hasta bien entrado el siglo XX) que vivían gracias a sus propios medios, se convirtieron en mano de obra barata para las élites. El investigador especializado en historia naval, Markus Rediker, en obras como Entre el deber y el motín: lucha de clases en mar abierto, documenta la vida de los marineros del siglo XVIII –trabajadores sin derechos y sometidos a un régimen de explotación muy violento–; eran, precisamente, aldeanos que habían sido despojados de sus parcelas o de sus talleres para ganarse la vida. El comercio por mar –protagonizado en nuestra época no por barcos sino por “portacontenedores”– es el motor del sistema económico actual.

De colonias a mercados

El comercio impulsado por combustibles fósiles baratos derrumbaría barreras a inicios del siglo pasado. Ideólogos vinculados a la fundación del neoliberalismo como Friedrich Hayek, Ludwig von Mises y Wilhelm Röpke, entre otros, comprendieron que la nueva movilidad de capitales y mercancías podría sustituir a la dominación colonial de antaño. Las reglas de instituciones globales como la OMC (Organización Mundial de Comercio) o el FMI (Fondo Monetario Internacional) controlarían a las antiguas colonias. El investigador Quinn Slobodian cuenta en su libro Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo, cómo en 1926 Clive Morrison-Bell, miembro del Parlamento Británico y exsecretario privado de Winston Churchill, mandó construir un mapa de Europa en madera, con las fronteras de cada país hechas con diminutos muros de ladrillos rojos. La maqueta fue exhibida, entre otros lugares, en la Bolsa de Londres, para ejemplificar la tragedia del confinamiento económico en una era de comercio cada vez más global, acelerado por las nuevas tecnologías y el nacimiento de la sociedad de consumo. Es curioso que la maqueta de Morrison-Bell fuera de madera porque, justamente, fue este material el que se usó para cercar los espacios que privatizarían territorios de uso común.

El alambre de púas: arma y símbolo

La historia dio un giro radical cuando la madera fue sustituida por alambre y, posteriormente, se patentó el alambre de púas. Reviel Netz, profesor de la Universidad de Stanford donde enseña Historia y Filosofía de las Ciencias, se dio a la tarea de investigar el origen de esta tecnología de confinamiento y su influencia a lo largo del tiempo. El resultado de sus pesquisas está en Alambre de púas. Una ecología de la modernidad (2004) publicado en español hasta 2013. Su invención fue en 1874 y coincidió, justamente, con el desarrollo de la industria metalúrgica estadunidense. Su implementación estaba dirigida, en ese primer momento, al confinamiento del ganado. El auge del ferrocarril había conectado ciudades en tiempos que antes eran imposibles. Además, esta nueva forma de movilidad (para mercancías o personas) generó una nueva lucha por el espacio. Lugares que antes eran intrascendentes formaron parte de una estrategia de acaparamiento cada vez más acelerada.

El alambre de púas llevó a un nuevo nivel una suerte de “pedagogía del dolor”, primero para los animales y después para los seres humanos. La libertad de movimiento del ganado y los intentos del ser humano para contenerlo o conducirlo. Las púas educaron al ganado para evitar traspasar los límites de las granjas y rancherías de fines del siglo XIX. De otra manera se desgarrarían la piel, provocando hemorragias o heridas aún mayores. El uso del alambre de púas llegó al campo de batalla, primero en la Guerra de los Bóers entre el Imperio Británico y los colonos de origen neerlandés ‒llamados afrikáneres– entre 1880 y 1902. La tecnología militar había desarrollado armas cada vez más potentes. Sin embargo, el control del movimiento de las
tropas seguía siendo el elemento fundamental
en la guerra. De esta manera, el alambre de púas sirvió para entorpecer o restringir el paso del enemigo y dejarlo a merced de los primeros modelos de ametralladoras y fusiles con mayor potencia de fuego.

La lucha por el espacio para un exterminio masivo de efectivos tuvo una nueva etapa en la primera guerra mundial. Batallones enteros de soldados fueron sacrificados mientras intentaban cortar el alambre y abrir paso a su ejército. Con la llegada de la aviación militar se bombardeó los territorios cercados, pero el alambre de púas era fácil de reponer por su abundante producción, ya que la industria del acero estaba en auge, particularmente en Estados Unidos. El alambre de púas creó corredores en el campo de batalla que alentaban el movimiento de las tropas y los exponían a la metralla del enemigo, que disparaba a placer sobre sus víctimas.

El alambre de púas se convirtió en un embajador de una nueva etapa en la deshumanización de la civilización occidental. No sólo influyó en la guerra y el control de los espacios maximizando las pérdidas de vidas, también convirtió al ser humano en un animal al cual se le puede confinar a bajo costo. Está de más mencionar el papel que jugó, tiempo después, el alambre de púas en los gulags soviéticos y en los campos de concentración nazis. Anteriormente habían sido usados en los confinamientos de poblaciones sometidas al dominio colonial en casi todos los continentes.

Internet: las púas virtuales

Es curioso: el confinamiento y la libertad tienen, en nuestros años, una relación cada vez más contrastante y, por supuesto, ilusoria. El mundo que siglos atrás proclamaba ideales igualitarios, ahora se ha transformado en un territorio fragmentado por innumerables guetos. Palestina es, quizás, el mejor ejemplo de esto no sólo por la Franja de Gaza (la cárcel a cielo abierto más grande del mundo, en palabras del historiador israelí Ilan Pappé) sino en otras áreas rodeadas por muros para segregar a la población árabe indeseable. Las clases ricas globales gozan una aparente ilusión de movimiento, aunque viven en colonias amuralladas y vacacionan en paraísos turísticos custodiados por fuerzas armadas públicas o privadas.

Por último, el espacio aparentemente ilimitado y libre de internet fue transformado, con el paso de los años, en una segregación algorítmica que polariza a la población mundial. Estas cárceles virtuales no son inocuas, pues los internautas viven confinados y rodeados por discursos de odio que, tarde o temprano, interactúan con la realidad. l

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