Cinexcusas / Brigitte Bardot o el clima de una era

- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 03 Jan 2026 22:34 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
“Juliette es una chica de su tiempo, que se ha liberado de todos los sentimientos de culpa, de todos los tabúes impuestos por la sociedad y cuya sexualidad es completamente libre”:

Juliette es el nombre del personaje protagónico de Y Dios creó a la mujer, la definición corre a cargo de Roger Vadim y éste, además de haber dirigido la cinta –por cierto, su ópera prima–, fue el primer marido de Brigitte Bardot, es decir, de la Juliette a quien Dios había creado.

No fue una de las falsas noticias que todavía en algunos medios, a son de broma, se publican cada 28 de diciembre, Día de los Inocentes: exactamente a los noventa y un años y tres meses de edad, el pasado día domingo murió la parisina Brigitte Bardot, actriz, modelo, cantante, activista a favor de los derechos de los animales y escritora, pero también y por desgracia –nadie es perfecto– proselitista antiinmigrante, antimusulmana, antivacunas y derechista recalcitrante.

La Bardot, como abreviando solía llamársele, tuvo una carrera fílmica tan breve como intensa y fulgurante: apenas al cumplir la mayoría de edad, como actriz debutó en 1952, en un filme olvidable titulado Le trou normand, al que siguieron otros quince, ninguno mayormente digno de mención –Acto de amor (1954), al lado del entonces famosérrimo Kirk Douglas; Las maniobras del amor (1955); Esta pícara colegiala (1956)–, hasta que hace casi setenta años y con veintidós de edad, precisamente en 1956, Vadim la eligió para encabezar el reparto de Y Dios creó a la mujer, en compañía de Curd Jürgens, Christian Marquand y Jean-Louis Trintignant, con quien poco después mantendría un breve vínculo erótico-sentimental.

En dos décadas y dos años, de 1952 a 1974, la Bardot filmó cuarenta y ocho películas, a un promedio de dos y fracción por año, con picos como aquel 1956, cuando actuó en una cada dos meses para un total de seis. Muchísimo para alguien que, de acuerdo con la opinión de muchos, no era muy buena actriz que digamos, y a quien Holywood no tuvo más remedio que “desaprovechar” hasta cierto punto, pues a ella el inglés se le hacía demasiado cuesta arriba, lo pronunciaba pésimamente y había que doblarle la voz. (Algo similar puede afirmarse de su carrera como cantante: de acuerdo con sus críticos, más que cantar “decía” las canciones, no obstante lo cual grabó discos en francés, portugués y español.)

Aquel 1974, justo cuando cumplió cuatro décadas de vida, la Bardot anunció su retiro de las pantallas; su última cinta fue L’histoire très bonne et très joyeuse de Colinot Trousse-Chemise (1973) y, aunque cumplió dicho retiro a rajatabla, nunca dejó de ser lo que ya era: el emblema vivo de lo sexy, la sensualidad, el nunca-oscuro-objeto-del-deseo y todas esas cosas que, fuerza es insistir, hoy siguen igual de vigentes pero con muchísima menos franqueza y mucha más intolerancia que hace siete décadas.

Ya que no su talento histriónico, digamos mediano, la única explicación para ese éxito rutilante fue, por decirlo de algún modo, la generosidad que tuvo natura para dotar a la Bardot de un rostro y una silueta, unas formas, un físico envidiable, memorable, insoslayable –véala el lector no sólo en la ya citada Y Dios…, sino por ejemplo en ¡Viva María! (1965) o en Masculino, femenino (1966).

Gracias al poderoso impulso que le diera su modo non de llenar la pantalla grande, en virtud precisamente de su admirable continente, así como su modo de vivir mientras se desarrollaba su carrera cinematográfica, podría decirse que, a despecho de su casi media centena de filmes, la Bardot fue actriz de una sola película: sí, la multicitada Y Dios creó a la mujer, donde el espíritu entero de toda una época está encarnado, precisamente, en la humanidad de esta mujer de ojos y labios imborrables. Y si no, concéntrese el lector en una sola escena: la de Juliette/Bardot danzando descalza sobre la mesa.

Eso, lectores de todos los géneros, es erotismo y no pedazos l

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