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Amaneceres de la angustia, Eduardo Mosches, Bonilla Artigas Editores, México, 2025.

Publicado a finales de 2025 por Bonilla Artigas Editores, Amaneceres de la angustia, de Eduardo Mosches (Buenos Aires, 1944, y afincado en México desde 1976), es un libro que resume no pocas de las constantes temáticas de su poesía.
Claudia Hernández de Valle-Arizpe 

 

A pesar de ello, este volumen registra una voz más contundente y, al mismo tiempo, más serena que en títulos anteriores. Aquí, los versos se suceden y organizan para entregar el balance de una vida: la aceptación del dolor físico y moral en la vejez se establece a través de una interesante comunión de la naturaleza (los árboles, las nubes, el mar) con diferentes partes del cuerpo humano (la cara frente al espejo, la rodilla endurecida, los ojos de los muertos). En sus páginas conviven el regreso a la infancia y a la familia con el inevitable paso de los años: “El panal de mi vida/ se está completando/ con celdillas de arrugas,/ imágenes de relojes de imparables agujas.”

Los hechos, tremendos como la guerra y las desapariciones forzadas, trascendentes como la migración, tristes como el duelo, temibles como una pandemia, caen sobre la hoja desde la conciencia de su propio peso. Se trata de asuntos urgentes que siempre han ocupado al autor pero en este caso son más efectivas la adjetivación y las comparaciones con las que consigue imágenes de plasticidad a veces surrealista; siempre gráficas y en movimiento. Para ello, incorpora con insistencia el cielo ‒sea en fragmentos desde una ventana, o amplio, pobladísimo de nubes (un algodonal) que aleja momentánea, acaso temporalmente (desde un avión) el encierro impuesto en los años recientes de la pandemia‒ y lo contrapone a la tierra y a las raíces que no vemos creciendo bajo la superficie: ese rizoma deleuziano que, en este caso, a veces envuelve a los cadáveres de quienes fueron violentados y asesinados en nuestro país, y que el poeta ha decidido no olvidar. Hay, en resumen, un arriba y un abajo y, en medio, la vida.

Libro del no retorno de los muertos, de los feminicidios, de los caídos a destiempo por la enfermedad, Amaneceres de la angustia también ofrece cabida al gozo pleno de la vida, a la amistad, a la música. La conciencia del movimiento perpetuo se manifiesta en la presencia del mar y de su oleaje, en el ir y venir de todo.

Los recuerdos y los sueños evocados en estos textos cierran no pocas veces con versos confesionales que generan un contraste y provocan cercanía inmediata con el lector: “Me duele la rodilla al despertar”, “… la dificultad de caminar” ,“Extiendo el insomnio junto a mi rodilla y su dolor”. Con ese recurso, el autor aprieta las tuercas del poema; no deja nada suelto, no divaga, anuda su tiempo y su condición.

El sentido del tacto es, quizá, el más evidente en este libro en el que los poemas tocan y pueden ser tocados; hay una necesidad confesa de sentir físicamente al otro. Derivado de la pandemia un buen número de los poemas que lo integran, no es difícil entender que estas páginas se lamenten de la pérdida del contacto cercano con los demás. La piel, entonces, es tierra fértil y vehículo para obtenerlo; un auténtico leitmotif.

Entre el cielo necesario y la tierra en su superficie y en el subsuelo, el autor dispone escaleras, esos peldaños que cuesta subir con la edad pero que permiten el tránsito humano, la posibilidad de mirar desde distintos ángulos, la facultad del viaje, de la migración, de la esperanza de seguir descubriendo lo que hay, o no, del otro lado.

Amaneceres de la angustia, rico en los temas necesarios que mencioné arriba, y en otros tantos, está conformado por cuarenta y cinco poemas y me parece que es, a la fecha, el mejor y más maduro de los libros de Eduardo Mosches

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