Bemol sostenido / Adiós, querida Mónica
- Alonso Arreola @escribajista - Sunday, 28 Dec 2025 01:48
“Ha muerto Mónica Maristáin”, nos escribieron. Hace meses que no la veíamos, pero eso nunca hizo falta a nuestro cariño. La amistad que pergeñamos lo resistió todo. Ni las discusiones apasionadas, ni los malos entendidos; ni sus berrinches ni los nuestros acabaron con lo construido hace veinticinco años, cuando la integramos a la revista musical que editábamos para Tower Records.
“Che, estoy buscando al editor de Latin Pulse”, dijo mientras asomaba la cabeza por el marco de la puerta. “Represento a una artista que tenés que escuchar”, agregó con acento recién llegado. No imaginábamos que así comenzaría una complicidad compleja y maravillosa en la que ella, sin duda, sería la más activa y generosa. Eso reconocemos hoy, conscientes de que una parte fundamental de nuestra vida se ha ido con la suya.
Fue en aquellos días cuando, luego de conocer su experiencia como periodista cultural y deportiva, terminamos por contratarla para infortunio de las disqueras que se incomodaban con su valentía tras bambalinas; con sus preguntas en las conferencias de prensa; con sus giros durante las entrevistas; con sus crónicas y reseñas, tan duras y atinadas.
A nosotros, claro, nos gustaba su provocación pues tampoco gozábamos de popularidad entre quienes buscaban imponerse sobre nuestra cofradía alternativa. En Argentina ella había publicado revistas radicales como La Contumancia; aquí nos aliábamos con fanzines del jazz underground o planeábamos portadas con los artistas más improbables.
Luego vendrían los años de Mónica en Playboy, adonde nos invitó a colaborar. Vendrían sus libros sobre futbol (para uno escribimos el prólogo). Llegaría su amistad con Roberto Bolaño y la publicación de la última entrevista que diera el escritor chileno, lo que le trajo a Maristáin orgullo y celebridad. Vendrían tomos de poesía como Drinking Thelonious y conversaciones en medios variopintos. De allí su libro Mexicanos ejemplares, en el que nos incluyó por amor más que por justicia.
Qué tristeza. Tecleamos estas líneas sin conocer la causa de su partida. Justo ahora le practican la autopsia de ley. Así es. La están desmontando a Mónica Maristáin. Lejos del morbo y de ese cuerpo con el que batalló tanto, lo pensamos por su integridad; porque parece imposible dividir su apasionada curiosidad por las cosas del mundo... Nos hubiera encantado conocerla de vieja.
Sabemos que la encontraron sola, en su habitación. A
últimas fechas estaba deprimida por el deceso de la hermana más querida. Contrasta, empero, el efecto de su muerte en la comunidad periodística, literaria y musical. Si pudiera verlo regalaría lágrimas como las nuestras. Todos se han volcado con fotografías y recuerdos que elevan su estadía... Cosa del destino: apenas en la última Feria del Libro de Guadalajara Mónica presentó su libro Leeré hasta mi muerte. ¿Quién lo diría? Apelando a su relación con la poesía y los autores que amaba, dijo que podía “morir tranquila” gracias a lo que había leído. Que así haya sido, querida.
Finalmente, lectora, lector, búsquela en YouTube poniendo su nombre o sustituyéndolo por Maremoto Maristáin. Mire esa cara redonda y bella. Los ojos almendrados que tantas veces entornó para no recurrir al insulto, o para recordar algo con gozo aniñado mientras apretaba los labios juntando las manos. Escuche esa risa explosiva; esa mente juguetona. Entenderá entonces que aquí nos detengamos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.l