Artes visuales / Wifredo Lam, el poeta visual de la negritud
- Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx - Sunday, 28 Dec 2025 01:40
Figura central del modernismo internacional, hoy revisitado a través de una mirada crítica que coloca su arte en el centro del debate de uno de los temas más álgidos de nuestro tiempo: la descolonización y la potencia universal del arte negro. Lam ha sido un artista de difícil clasificación, como afirma su hijo Eskil: “Mi padre era famoso y a la vez desconocido”, refiriéndose precisamente a las muy diversas líneas de interpretación de su vasto cuerpo de obra, pues comúnmente se le ha encasillado en el surrealismo, etiqueta que siempre refutó a pesar de su cercanía con el movimiento, como lo expresó al crítico de arte Gerardo Mosquera: “El surrealismo me facilitó una apertura, pero yo no he pintado de una manera surrealista, sino que le fui dando una solución al surrealismo […] Aquí en Cuba había cosas que eran surrealismo puro. Por ejemplo, las creencias afrocubanas: en ellas podía verse la poesía conservada en un estado mágico, primitivo.” La magna exposición reúne alrededor de 130 obras que ilustran su trayectoria artística, desde sus inicios en la Escuela de San Alejandro, en La Habana, siguiendo su periplo en España, donde llegó a los veintiún años con una beca para continuar sus estudios académicos. Cuatro años más tarde, a consecuencia de las dificultades económicas en Cuba, pierde su beca pero no el ímpetu de seguir adelante en su descubrimiento del arte europeo que absorbe con gran avidez. A raíz de la pérdida de su mujer e hijo por tuberculosis, y con el estallido de la Guerra Civil en 1936, se une a las fuerzas republicanas al lado de sus amigos artistas e intelectuales, hasta el triunfo de Franco cuando, destrozado moralmente, busca refugio en Francia. Su estancia parisina de dos años es crucial en términos de aprendizajes y experiencias al lado de los artistas más importantes del momento como Picasso, con quien teje una estrecha amistad, y el círculo de surrealistas capitaneados por Breton. Tras la entrada del ejército nazi a París en 1940, huye nuevamente, esta vez a Marsella con el grupo surrealista para embarcarse hacia América. Este corto período al lado de Breton, Víctor Brauner, Óscar Domínguez, Max Ernst, Jacqueline Lamba, entre otros, marca un parteaguas en su creación debido a su incursión en la pintura automática y el dibujo colectivo de cadáveres exquisitos, prácticas que lo llevan a internarse en la exploración del subconsciente. Es así como, a su regreso a Cuba después de dieciocho años, comienzan a aflorar los recuerdos, vivencias y sueños de la infancia en Sagua la Grande, y experimenta el redescubrimiento y asimilación de sus raíces multiculturales, herencia de su padre de origen chino y su madre de descendencia africana y española. La catarsis existencial sienta las bases para la construcción de su muy personal lenguaje visual, resultado de una hibridación de referencias a sus raíces culturales y de la exploración de los laberintos oníricos de la religión afrocubana, que dan lugar a la exaltación de su cubanidad, en el más profundo sentido del término. En 1942 pinta su obra maestra La jungla, un compendio de imágenes de sensualidad exaltada y profunda ambigüedad poética, que sintetizan a un tiempo el drama y la exuberancia de la comunidad negra en Cuba, lo que lo lleva a sostener en repetidas ocasiones: “Mi pintura es un acto de descolonización, no en sentido físico sino mental.”
Cuando no duermo, sueño es el sugerente título de esta muestra que evoca el sueño de reivindicación del poder y reconocimiento de las raíces negras de este artista que supo fusionar la sofisticación de un lenguaje visual plenamente moderno y el culto a lo ancestral, desde sus raíces más hondas, para crear un arte excepcional en el que la realidad y el imaginario se entreveran en un canto poético l