Bemol sostenido
- Alonso Arreola @escribajista - Monday, 24 Nov 2025 06:41
Guillermo Briseño acaba de soplarle a ochenta velitas en un pastel de cumpleaños. Lo celebramos. Su vida como músico, poeta, divulgador (en radio y televisión) y como maestro de mirada crítica, es una de las más encomiables en la historia de la música mexicana. Es por ello que aplaudirle en el Teatro de la Ciudad este domingo 30 de noviembre no sólo es rendir homenaje directo, sino reconocer el efecto de los puentes que ha tendido entre sonidos, palabras y personas. El espectáculo se llamará ¡Apaga la pinche luz!.
Dicen sus biógrafos que desde muy joven siguió una formación poco común para el ser “rockero”. Que a los ocho años recibió lecciones de piano clásico, pero muy pronto su oído rebelde lo dirigió hacia los precursores del rock: Jerry Lee Lewis, Ray Charles y Little Richard. Dicen que en su adolescencia ingresó a bandas como Los Masters y que más tarde formó parte de Cinco a Priori, donde comenzó a mostrar su peculiar imaginería. También pasó por El Antiguo Testamento y por Soul Force (en esta última con
Javier Bátiz).
En 1970 se integró a Cosa Nostra, grupo que viajó por Centroamérica y Estados Unidos. Después fundó su trío junto a Gilberto Flores (batería) y Mario Carrasco (bajo). Luego se les unió la gran Hebe Rosell. En los años por venir surgirían combos variopintos: Briseño y el Séptimo Aire, Briseño y la Banda de Guerra, Briseño Blues, Briseño y El Glorioso Magisterio, todos ejemplo de su versatilidad al fusionar blues, progresivo, rock y música clásica. ¿Teatro, danza, cine, infancia? Por supuesto. La vida y la curiosidad le alcanzan para todo. Allí están sus trabajos sobre Romeo y Julieta (Escenas sinfónicas); para la Compañía Nacional de Danza (Otros adioses); para el director Sergio García Michel (dos películas); para niños (Quiero ser parte del cuento).
Por otro lado, aunque Memo estuvo cerca del movimiento rupestre y del rock urbano en ambientes cruciales del otrora Distrito Federal (de allí el homenaje a Rockdrigo), su lírica exige una reflexión distinta. Los versos que salen de esa pluma suya dialogan con la poesía de buena técnica (¡sólo hay que repasar los títulos de discos, programas y conciertos!) Es así que su herencia no se reduce al escenario. También ha escrito varios libros. Entre ellos Recetas de familia, un poemario-disco cargado de memoria, sabores y pérdidas, así como Música dicha, silencio intacto y otros elogios, en donde reconoce la sangre común entre música y poesía.
Hablando de pedagogía, su legado más importante es la Escuela de Música del Rock a la Palabra, fundada en 2006. En ese espacio de Coyoacán forma jóvenes músicos en técnica instrumental (guitarra, piano, voz, batería, bajo) y en escritura, composición, crítica musical, lectura y reflexión. Su idea, hoy más necesaria que nunca, es la de una preparación integral que sustente la aspiración a un arte duradero.
Así pues, con los ochenta años de Briseño no sólo festejamos una longevidad y lucidez admirables; honramos una existencia entregada a la alteridad, con buenas y muy necesarias dosis de provocación e irritación del sistema que nos compete a todos. En ese trayecto… Sí… La luz como ruido de fondo. La luz como distractor. Como espejismo. La luz como obstáculo de los oídos. (Apaga la luz... Así se llamó el programa radiofónico que tuvo por doce años.) Apaguemos pues la pinche luz y vayámonos ya mismo al teatro para abrazar a Guillermo, lectora, lector. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos l