Teatro, escritura y enseñanza: la tecnoalquimia de Fernanda del Monte

- Cintia Neve - Monday, 24 Nov 2025 06:24 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Este artículo presenta y celebra los tres volúmenes de estructura múltiple y compleja, “piezas textuales, digitales, ensayo académico, ficción y teatralidad en distintos medios y formatos”, a saber Picnic frente al abismo, Cuerpos como tiempo y Congreso Internacional de Abismos, de Fernanda del Monte (CDMX,1978), obras que giran, entre otras, alrededor de la siguiente idea: “Si la memoria es oscilatoria, la imaginación va en vaivén entre el deseo y la frustración imperfecta, y siempre re-construye la narrativa desde distintos puntos de vista para no disipar los hechos.”

 

Como tengo un abismo dentro de mí, puedo saltar entre las temporalidades”. En su nuevo libro Picnic frente al abismo, la dramaturga Fernanda del Monte no le teme a las palabras ni a los conceptos; más aún, los moldea, juega con ellos y los reescribe fundiendo la ficción en la realidad, y hace recordar aquella película japonesa donde la protagonista adolescente descubre, de manera inesperada, que puede volver a un punto de su pasado y lo hace una y otra vez, casi sin pensar. A diferencia de ella, Fernanda del Monte piensa constantemente en el tiempo, en el futuro y en distintas combinaciones devenidas de las opciones que asume, ya sean imaginarias, reales o experienciales.

Picnic frente al abismo es un universo narrativo desdoblado, con diferentes lenguajes, ideas y momentos, un libro cuyo cuerpo se desdobla en tres unidades no iguales que a su vez forman cuerpo de un proyecto transmedial como un intento, quizá, de atravesar el tiempo y entender la ficción con los cuerpos humanos y no humanos.

La piel que lo envuelve es una preciosa camisa collage diseñada con gusto exquisito, que además de anticipar en la idea corporal de la fragmentación, nos tira unas cuantas palabras a manera de pistas: Ausencia. Borde. Caída. Autoficción. Vacío. Padre. Transición. Zurcir. Afectos. No necesariamente en ese orden.

En esta obra es difícil encontrar un principio, mucho más difícil un final. La idea de linealidad no pertenece al universo de Fernanda del Monte. La palabra tiempo aparece infinidad de veces en los veinte ensayos, cada uno de los cuales es un territorio y a la vez un cuerpo que forman la obra, que se interrelaciona con los otros espacios, consigo misma y con las otras formaciones que hacen parte del proyecto.

El concepto mismo del tiempo, su relación con la ficción y con la realidad material o inmaterial, plantea en cada ensayo una nueva propuesta-idea para lo que consideramos realidad y percepción. Como en “Desplazamientos y abismos”, un ensayo donde pone sobre la mesa un sueño como realidad, contando a su amigo que conoció a sus padres en otro planeta, en un mercado intergaláctico. No se trata de un relato de ficción: es con claridad un ensayo en el cual se cuelan memorias y realidades del futuro, del pasado o incluso de otra dimensión personal, escritural y mental que trae al cruce entre temporalidad, realidad dimensional y cuerpos.

Entre las rendijas del texto

La escritura de toda esta investigación nació de preguntas: ¿Cómo se construye la ficción hoy? ¿Qué relación hay entre la percepción de la temporalidad actualmente y la noción de ficción y picnolepsia, disociación, montaje, huida, velocidad? La picnolepsia, en las ficciones de Del Monte, funciona como parte: el deslizamiento por los intersticios del espacio tiempo, una disrupción o, como en medicina, una crisis transitoria de ausencia.

El tiempo es también escritura, una conversación permanente que parece tener Fernanda consigo misma y con los otros, las otras, que son/están siendo/han sido en diferentes temporalidades. Cada texto tiene rendijas que permiten colarse –aunque no sea entrada– en los diferentes momentos y lugares. Una vez adentro, podemos tener la sensación de que está hablando con/de nosotros o nosotras, o de cualquier otra persona. Ese nosotras, nosotros de Ciudad de México, de un pueblo de España donde nació su abuelo, o de una villa italiana donde vivió, una metrópoli histérica como Nueva York o la teatral ciudad de Buenos Aires. Aún así, en estos textos el desplazamiento no es sólo temporal. Es también geográfico, personal, de género, de humanidad y se va desdoblando en partes y más partes, cada vez que encara un nuevo ensayo, como en un ejercicio de origami extremo.

En cierto momento sucede, cuando su escritura gira alrededor de la relación (o no relación) entre tener una hija y la experiencia de escribir. Ficcionar la temporalidad viviente es una oda iconoclasta a la maternidad, una observación sobre el sentir el cuerpo físico y emocional, sobre todo al pensar un estado de la mente y del cuerpo que atraviesa el pensamiento. “Los cuidados sí son políticos, pero son sin duda imposibles de narrar, se viven piel sobre piel, en una danza de cuerpos que se agarran, que se apachurran, que se abrazan, que se golpean, que se exhiben, que se disfrutan, que se diluyen: formas temporales no ficcionales.”

Los textos ensayísticos de Picnic frente al abismo tienen un efecto mágico: la persona lectora es increpada a representarla y, al mismo tiempo, confrontada para que juegue la experiencia como propia. Quizá buscando el efecto de las neuronas espejo, la lectura o más que eso, la eXcritura –como la llama Jean Paul Nancy y retoma Del Monte– detona el binarismo de los lugares de enunciación escritora/lectores y abre una multiplicidad de sentidos discursivos expendiendo la faz hacia la que se apele.

La densidad poblacional de estos escritos turna entre una variedad de interlocutores con distintas adscripciones geográficas, narrativas y temporales: Ricardo Piglia, Vivian Gornick, Siegfried Zielinski, Mark Fisher, Donna Haraway, Margaret Atwood, Fiodor Dostoyevski, Franz Kafka, Paul B. Preciado, Susana Bercovich, Angélica Liddell, Carl Gustav Jung, Sarah Kane, Henrik Ibsen o Virginia Woolf, entre muchos otros. “Si la memoria es oscilatoria, la imaginación va en vaivén entre el deseo y la frustración imperfecta, y siempre re-construye la narrativa desde distintos puntos de vista para no disipar los hechos.”

El Congreso Internacional de
Abismos

Resulta que no es sólo ese libro el que forma parte del experimento excritural de Del Monte. El segundo tomo es una dramaturgia fracturada, o podría decirse, hermanada. Porque Cuerpos como tiempo es una obra dramatúrgica realizada en colaboración con las artistas transdisciplinarias y escritoras dramáticas Kathy Bustillos, de Bolivia, y Marcia Césped, de Chile.

Desde las tres miradas, desde las tres geografías, se exploran las relac|iones con el padre, con la ausencia y las marcas no sanadas por el tiempo, refutando el adagio de que el tiempo todo lo cura, renegando de él y revolviéndose en la relación del cuerpo con el tiempo y sus huellas. Aquí tampoco se cumple la linealidad escritural: los textos que están contenidos en las páginas se desbordan en sentidos, en significados y en grafos. El diseño interior en blanco y negro, en algunos espacios a dos columnas y en otros a página completa, dividida por rayas o dibujada como poema caligrama, con cajas, fondos, cursivas, negritas, rayas, relaciones con las tipografías, los espacios, las columnas y también las lenguas, en otra fragmentación como recurso estético, estilístico y conceptual.

Finalmente, llegamos a la tercera parte de esta trilogía: el Congreso Internacional de Abismos, una propuesta que excede la autoría escritural. Se trata de un libro, con sus portadas en el mismo tenor triádico, que en su interior se encuentra vacío. La carencia de letras no es una carencia de ideas, sino mejor una invitación y una provocación, una propuesta de democratización del juego de la escritura. Un libro vacío que invita a participar en la creación, facilitando a cualquier persona el ejercicio demiúrgico. Abriendo la posibilidad de suspender las creencias sobre lo que es escribir (bien o mal) para poder observar la realidad en sí misma: que estamos escribiendo.

El Congreso Internacional de Abismos es también el nombre del proyecto transmedial causa y consecuencia, a la vez, de esta trilogía, que se presentó con una actividad performativa el 26 de julio en el Teatro Casa de la Paz, donde se exhibieron piezas digitales, transmediales y performáticas, con artistas como Bruno Paredes, Sofía Cruz, Gabriela Ottogalli, Guillermo Navarro, Gibrán Portela, Andrés Gordillo, Helena Hernández, Clutch, y la compañía Gorguz Teatro, entre otros participantes que encontraron en un desborde de perspectivas poético/dramatúrgicas tecnocreativas.

Esta trilogía de Fernanda del Monte viene a hacerse lugar en una serie de producciones creativas navegantes entre el teatro, la escritura y la enseñanza. Del Monte lleva ya décadas de montajes, publicaciones, pedagogía e investigación académica; entre sus producciones anteriores se encuentran Un cuerpo devastado es, publicado por Los Textos de la Capilla; mis humores sangre lágrimas fluidos sexuales sudor, publicado dentro de la serie Habitaciones siete de 17, editorial. Los trabajos de Fernanda del Monte tienen un distintivo autoficcional, performativo y dramatúrgico, que traza encontrar un camino singular, combinando piezas textuales, digitales, ensayo académico, ficción y teatralidad en distintos medios y formatos, apostando por explorar las raíces de las convenciones dramatúrgicas, del ensayo y
del pensamiento mismo, en busca de nuevas
significaciones.

Picnic frente al abismo. Excrituras sobre temporalidad y ficción es una propuesta audaz para renovar la mirada, limpiar los ojos y volver a ver, entre otras cosas, lo que la tecnología puede hacer por nosotros y cómo puede hacerlo l

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