Cinexcusas

- Luis Tovar @luistovars - Monday, 24 Nov 2025 06:42 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Guionistas que dirigen o al revés

Como bien se sabe, a principios de los años noventa del siglo pasado, sobre todo a partir de Sólo con tu pareja, ópera prima en largometraje de ficción del hoy muy afamado y exitoso Alfonso Cuarón, fue que comenzó a hablarse de un “nuevo cine mexicano” en contraposición al que, con esa lente necesaria y faliblemente gruesa que implica considerar las cosas en bloque, y no obstante las numerosas excepciones que pudieran saltar, por simple antinomia vendría siendo el “viejo cine mexicano”. Desde entonces han transcurrido tres décadas y media, poco más de un tercio de siglo curiosamente plagado de tantos “nuevos cines mexicanos” como le ha parecido pertinente declarar a muchos de sus hacedores y a no pocos de sus comentadores, pero no menos curiosamente sin que ni unos ni otros tengan del todo claro, o se hayan tomado a fondo la molestia de hacer explícito, qué más le ven de “nuevo” a lo que ya se suponía que lo era.

Eso sí, generalizaciones y lugares comunes no han faltado: que si la temática,
que si el
manejo del lenguaje cinematográfico, que si una visión de la realidad en sintonía con ciertas transformaciones sociales… como si algo muy parecido, incluso exactamente lo mismo, no pudiera decirse del cine mexicano de los años ochenta, por poner el caso inmediato anterior, o el de los setenta, o más atrás; es decir, como si cada cierto lapso no sucediera lo que siempre ha sucedido: el abordaje preferente o reiterado de temas específicos que prevalecen sobre otros, apartando a estos últimos del centro pero sin desaparecerlos del todo; el empleo de las herramientas cinematográficas que cabe esperar en función de la experiencia acumulada y la historia heredada que pasa de las generaciones previas a las emergentes; y claro, la correspondencia –certera o no, exitosa o no, eso ya es otro cantar– entre la permanente transformación de la sociedad y uno de sus ecos culturales-estéticos, en este caso el cine.

Dicho de otro modo, eso que ha querido verse como atributo del “nuevo”, y luego de los siguientes “nuevos cines mexicanos”, jamás le ha sido exclusivo, por lo cual habría que buscar en otro u otros aspectos la diferencia, ésa sí evidente, que se puede apreciar entre lo que se filmaba y funcionaba hará seis o siete décadas atrás, y su correspondiente en el referido último cuarto. Como es de conocimiento colectivo, la más clara de las diferencias entre dichos antes y después es la inmensa entre lo que alguna vez fue una industria sólida, autosuficiente en lo económico, lo genérico, lo temático/estético y demás aspectos, y lo que vino después, es decir la desarticulación, luego enanización y más adelante virtual desaparición de aquel sistema/modelo de producción fílmica, a cambio del cual nos quedó un no-sistema generador de garbanzos de a libra, cineastas siempreapoyados y otros siempresoslayados, así como esfuerzos individuales la mayoría, algunos de carácter colectivo, siempre presas de un aislamiento pavoroso y una dependencia ídem de sustento económico oficial.

Cosa de pensarlo un poco

Dando por descontado ese abismo, otra de las diferencias intrínsecas más notables pero que, muy paradójicamente, a pesar de ser las más deploradas al mismo tiempo
es de las menos abordadas con el propósito de ponerle remedio, es la casi extinción del guionismo entendido y practicado como un oficio por sí mismo, como lo era en aquellos tiempos. Había guionistas, y no pocos, que se dedicaban sólo a eso, a escribir guiones, a diferencia de lo que, con más frecuencia que nunca, comenzó a suceder precisamente con el arribo del mencionado primer “nuevo cine mexicano” de las décadas recientes: No excepcionalmente, sino como constante, lo de hoy son directores que escriben su propio guión y, como es obvio, están pensando más en dirigir que en otra cosa. Que los hay buenos en ambos oficios, ni duda cabe, pero eso no significa que en todos los casos quien quiere dirigir sea su propia mejor opción para la escritura del guión que necesita.

Es cosa de pensarlo un poco: antes había guionistas, muchos, que no se ponían a dirigir, y al cine mexicano, “nuevo” o no, le iba bastante bien l

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