Así cuentan de mi padre

- José A. Castro Urioste - Monday, 24 Nov 2025 06:22 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Estar de frente a la nada, reconocer mi magia como un disparate, estar dispuesto a sumirme en el sueño de la muerte. Un montón de pastillas. Un trago de agua y ya está, se acabó. Cómo fue que llegué a esto, donde se torció el camino, porqué sometí mis ilusiones y abandoné mis ganas de ser cineasta. Cómo fue que me convertí en un hacedor de porquerías destinadas a

 

Estar de frente a la nada, reconocer mi magia como un disparate, estar dispuesto a sumirme en el sueño de la muerte. Un montón de pastillas. Un trago de agua y ya está, se acabó. Cómo fue que llegué a esto, donde se torció el camino, porqué sometí mis ilusiones y abandoné mis ganas de ser cineasta. Cómo fue que me convertí en un hacedor de porquerías destinadas a

Entonces me he venido a Lima después que se ha muerto mi padre. Dicen que cuando él ha estado durmiendo de sorpresa lo han besado y que por eso se murió. Así dicen todos. Solito me he venido a Lima y aquí aprendí lo que sé hacer. Porque yo no sabía arrear, ni cortar cachos, ni poner aguja por debajo del cuero sin que me vaya a caer una patada. Duele la patada del toro. A mí me ha caído en la pierna cuando estaba aprendiendo. De ahí no he vuelto a dejarme. Pero al Zacarías, ése que trabaja más abajo, le ha dado un toro ahí, donde uno es hombre, y él se revolcaba en la tierra como si con todo su cuerpo estuviese escarbando. Después se ha quedao tendido de dolor y dicen que desde esa vez ya no puede tener hijos.

Mucho cuidao, mucho cuidao, así me decían cuando he empezao a trabajar. Porque yo aprendí aquí nomás, en Pachacamac. Es que en mi pueblo la gente aprende lo que son su familia. Y en mi familia todos eran arrieros. Mi abuelo, mi tío, mi papá. Todos arrieros. Mi taita tenía mulas. Yo las he visto. Y él iba por Ayacucho y llevaba alcohol, coca, ropa, pan. Todo eso cargaba en sus mulas y cuando quería hacer más negocio agarraba un carro y se iba hasta Ica y venía con arroz, ropa, harina.

Una vez mi padre ha pasado por un pueblo de Lucanas que está cerca a Ica. Él quería hacer más negocio y se ha ido en un carro, pero esa vez había paludismo y a mi padre le agarró porque tenían que cruzar ríos llenitos de zancudos. Entonces se ha venido a la casa a sanarse. Con fuerza le ha agarrado el paludismo y le hacía sacudir todo su cuerpo. Así, de a pocos, mi padre comenzó a curar y cuando ya estaba mejor ha subido al puquial donde sus mulas tomaban agua. De seguro sintió calor y al costao de una piedra grande encontró una sombrita y viendo y viendo a sus mulas se ha quedao dormido. En su sueño de sorpresa lo han besao en la boca y de pronto ha sentido que lo hincaban en las costillas. Fuerte y fuerte lo han besao como para no desprenderse de él, como para llevárselo con todas las ganas. Entonces mi padre despertó
y como a unos diez metros ha visto una figura que parecía una nube oscura que se iba y él le ha gritao pero la figura se ha ido para abajo y ha desaparecido en la catarata
que había.

De allí mi padre ha llegao a la casa. Dicen que lo veían mal y le preguntaban qué te pasa. Nada, dice, nada y después, en veinticuatro horas, ha botao harta sangre y recién contó que una figura como nube oscura lo había besao con muchas fuerzas y lo había peñiscao en las costillas. Así murió mi padre. Un beso le ha robado la vida. Dicen que ese cerro donde estaba él durmiendo tiene encanto y que a cualquiera se lo come. Al año de eso se ha venido mi hermano a Lima. Después yo, y aquí aprendí a andar con mucho cuidao para que no me coma ningún cerro, ni el toro me patee, ni nadie me bese como una sorpresa l

las llamadas redes sociales, producidas con las peores intenciones.

Antes de este último trago en esta carta de despedida quiero decirte que siempre te amé. Lo único que voy a extrañar de este mundo son tus labios, tan tuyos, tan míos, tan nuestros. Cuando leas esta carta seré ya un triste y amargo recuerdo, el último de tus amantes que te dice adiós. No te arrepientas de nada y siempre recuérdame, lo nuestro fue imposible y no te reprocho tus desprecios. En las sesiones de terapia he sabido reconocerme como alguien que puso precio a su talento y lo prostituyó. Como no hay remedio a todo el mal que hice con mis mentiras en video, esos memes, esas historias, esos infundios, esas noticias falsas, con todo ello me voy al infierno a enseñarle al Diablo mis trucos, para que se anime a hacer una campaña en las redes de gusto por el mal, con granjas de bots y una mínima inversión. Ye te imaginarás el tema musical… los Rolling Stones con “Simpatía por el Diablo”, sonando a todo lo que da.

Ya en serio y en esta carta que te escribo para que no la leas, quiero decirte que siempre me costó trabajo lidiar con la realidad, que para mí fue más fácil imaginar, soñar escribir. Por eso quise ser cineasta y acabé como un embustero.

Si por alguna extraña casualidad, si por uno de esos extraños y oscuros milagros que hace el diablo jugando con el azar, esta carta llega a ti, exige tus derechos como heredero universal de todas mis desgracias y lo que se dice, mis bienes materiales. No te dejes embaucar por mis deudores y destruye todas mis tarjetas de crédito. Si te place quédate en mi departamento de la Roma. Siempre te gustó. Tendrás que ponerte al corriente con las rentas, pero ya no hay problema con el fiador y todos los trámites.

Gurda mis libros y alguna vez, cuando te serenes y se te pasen las ansias de la vida loca, lee algunos de mis libros. Te recomiendo a Rimbuad y a Julio Cortázar. Hay una interesante colección de libros de cine. Te dejo mis cámaras, la computadora donde editaba mis materiales, también las luces y los micrófonos.

Todo es tuyo como quise serlo yo, pero lo más valioso se encuentra en el fondo del clóset de mi cuarto, en el rincón del lado derecho, bajo la alfombra. En un disco duro, la memoria de mis campañas, todo el material que armé para la televisora. En ese disco están los procesos de producción de los videos, hay incluso guiones y mucho más, en fin, todo lo que hice como parte de esa maquinaria para difamar, engañar, distorsionar, tergiversar… eso que el diablo sabe hacer tan bien. Por eso en este momento, justo antes de tragarme las pastillas sé que allá abajo, los demonios me esperan como a uno de los suyos.

Más allá de lo que se pueda decir en términos científicos estoy loco. Enloquecí jugando con la realidad, cuando me vi con el poder de echar a perder vidas o construir historias, cuando creí que podía manipularlo todo en mis videos. Me confieso un aprendiz del diablo.

Antes del último trago… si encuentras el disco véndelo al mejor postor. Sobra quien lo pueda comprar. Luego vete lejos y olvida a quien vivió enamorado de ti y fue un engaño.

Versión PDF